El movimiento del Sol y el de la Luna
Con las nociones precedentes sobre el único movimiento que realiza la Tierra, vayamos al paso siguiente: mostrar el movimiento orbital del Sol, y el de la Luna.
Si bien el sistema geocéntrico de Ptolomeo intentaba explicar las posiciones planetarias observadas desde la Tierra, no lograba responder con entera satisfacción a dos cuestiones: los movimientos retrógrados que se observaba en los planetas que se aproximaban en su órbita a la Tierra, y las fases “lunares” en el planeta Venus. Estas cuestiones son las que dispararon la iniciativa de Copérnico para tratar de esclarecer la causa de tales fenómenos. Para comprender el cambio trascendental que tuvo lugar, conviene recordar que el sistema de Ptolomeo continuaba manteniendo a la Tierra sin movimiento alguno. Con el descubrimiento del nuevo mundo, a finales del siglo XV, y las iniciativas de los marinos para recorrer y conocer los mares y la geografía terrestre, Copérnico dispone de datos que ignoraba el autor de la teoría precedente. Nuevos datos sobre la realidad física de la Tierra que son aprovechados por el astrónomo polaco para desarrollar su teoría heliocéntrica (ver ilustración).
No obstante, el sistema planetario de Copérnico, donde las órbitas planetarias se presentaban como círculos, necesitaba mantener vigente la figura de los epiciclos utilizados por Ptolomeo en su sistema geocéntrico. Tanto las órbitas circulares y concéntricas en torno a un Sol inmóvil y la complejidad mecánica que suponían los epiciclos, fueron el detonante para que J. Kepler reformara sustancialmente la mecánica circular de Copérnico (ver ilustración) Pero lo que Copérnico y Kepler no podían imaginar que el desarrollo histórico de sus teorías revolucionarias, traería nuevos cambios con consecuencias trascendentales para la humanidad. De haber podido conocer las implicaciones futuras de su teoría con la falsedad, seguro que Copérnico hubiera arrojado su teoría a la basura.
Que el Sol no permanece quieto en el centro del sistema planetario, no hay duda alguna: los propios astrónomos afirman que el Sol –y por supuesto, también los planetas- se mueve de forma radial hacia un punto del espacio cósmico: la estrella Vega de Lira, con una velocidad de 19.500m/s. A este movimiento del Sol los astrónomos lo denominan: “Movimiento peculiar”. También afirman que el Sol, junto con el sistema planetario, se mueve alrededor de la Vía Láctea a una velocidad estimada en 220.000m/s. Como ven, según las teorías modernas el Sol no solo no está quieto, como así lo creían Nicolás Copérnico y Kepler cuando el primero difundió su teoría heliocéntrica, sino que se mueve por el espacio arrastrando tras de sí al sistema planetario.. Más adelante, cuando se vayan aportando nuevos datos, se analizará el “movimiento” del Sol alrededor de la Vía Láctea. Es conveniente, para la comprensión de futuros datos y entradas, analizar primero el “movimiento peculiar” del Sol.
La tecnología y la matemática aplicadas en la detección de las posiciones astronómicas, ha facilitado a los astrónomos deducir el mencionado “movimiento peculiar” del Sol. Y no solo deducirlo, sino establecer también su velocidad: 19.500m/s. Pero claro, expresar que el Sol se mueve de forma radial hacia un punto variable en el tiempo y en el espacio, significa que la Tierra, junto con la Luna, y el resto de los planetas con sus satélites respectivos, son obligados a seguir la “estela” del Sol. Siendo así, la Tierra no realiza un solo movimiento de traslación espacial, como así nos cuentan los astrónomos, sino dos: 1) el movimiento orbital alrededor del Sol y 2) el movimiento radial como consecuencia de verse arrastrada por el Sol. Escribir teorías absurdas sobre el papel o explicarlas con un verbo y elocuencia brillante, es una de las múltiples herramientas que utiliza la mentira. De ahí que la ciencia –la falsa ciencia- evite mencionar en los textos, enciclopedias y reportajes audiovisuales, y menos aún representar, una mecánica planetaria demencial y absurda. Y así, con la ignorancia cómplice de la sociedad en esta materia, la falsa ciencia consigue mantenerse inmune de la crítica y del cuestionamiento social. Una cosa es representar en todos los textos ilustraciones de las órbitas elípticas de Kepler, -representación asumida como posible por la humanidad- y otra representar las últimas modificaciones en la mecánica de la Tierra y de los planetas arrastrados por el Sol en su “movimiento peculiar”, según se infiere de las modernas teorías cosmológicas (ver la ilustración que representa el “movimiento peculiar” del Sol y sus consecuencias sobre el movimiento de la Tierra y, claro está, de los planetas)
La parte superior representa la órbita elíptica de la Tierra alrededor del Sol inmóvil, tal y como afirma el modelo de Kepler. La parte inferior representa el "movimiento peculiar" del Sol trasladándose radialmente, y los movimientos de la Tierra arrastrada por el movimiento del Sol y obligada a mantener las mismas posiciones espaciales que se expresan en la órbita elíptica superior. Así vemos como en las posiciones terrestres, T1, en el esquema superior como en el inferior, la Tierra se encuentra situada al oeste del Sol. Siguiendo el sentido de la órbita, la siguiente posición de la Tierra respecto al Sol, será T2, la siguiente la T3... y así sucesivamente. Pero observe que en la posición T2 la Tierra se ve obligada a incrementar su velocidad orbital, duplicándola, para poder así llegar a la siguiente posición respecto al Sol, según queda establecido en la órbita superior elíptica. Por la misma razón, en la posición T4 indicada en el esquema inferior, la Tierra debe frenar su velocidad orbital, a tal punto que se aproxima a cero. El problema que se le plantea a los astrónomos, no es tan solo los cambios en la velocidad de la Tierra arrastrada por el Sol, sino que de producirse, realmente, estas dos posiciones extremas de la Tierra: T2 y T4, se hubieran detectado hace siglos claras y evidentes anomalías en las posiciones estelares observadas en los dos períodos o momentos orbitales mencionados. Algo que, por supuesto, ni se menciona, ni se observa. A este cúmulo de incoherencias e irregularidas racionales, lo llaman... ciencia (sic)
Sin embargo, la realidad –como quedará racional y matemáticamente demostrado- es otra muy distinta a la que difunde la falsa ciencia. El movimiento peculiar del Sol es la errónea o falsa interpretación que del movimiento orbital del Sol, en dirección opuesta al giro de la Tierra, hacen los astrónomos. En efecto, el Sol no se dirige en su movimiento peculiar hacia ningún punto o lugar espacial -en este asunto hay que considerar la movilidad orbital y real de la cúpula estelar que se tratará en otra entrada- sino que dicho movimiento está haciendo referencia a la propia órbita del Sol (ilustración A). En otra entrada se tratará el hecho histórico por el que la distancia Tierra-Sol o la Unidad Astronómica (UA), no es de unos 150 millones de kilómetros, sino de unos 100 millones. Según esta nueva distancia, y conforme al período anual de la órbita solar, le corresponde una velocidad de 19.500m/s: la misma velocidad que establecen los astrónomos para el Sol en su movimiento peculiar.
Respecto a la órbita lunar (ilustración B), la nueva teoría geocéntrica mantiene que la dirección orbital de nuestro satélite es la misma que en el sistema heliocéntrico: de oeste a este. Con una salvedad: si bien se mantiene el sentido de la órbita lunar, no se mantiene la distancia establecida a la Tierra, ni tampoco el período orbital. Del mismo modo que la distancia del Sol se reduce, más o menos, en 1/3 parte la distancia Tierra-Luna queda también reducida en parecida proporción. Sobra decir que la velocidad de la Luna en su órbita no coincide con la establecida, sino que su velocidad media es la que corresponde a la nueva distancia y al nuevo período de revolución orbital completa (La revolución completa de la Luna no guarda relación con los períodos que fueron establecidos tomando como referencia al Punto Vernal (PV), o, lo que viene a ser igual, una estrella situada en el plano de la eclíptica.





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