Galaxias
En la actualidad se considera científicamente que una galaxia es una agrupación de millones de astros solares. Sin embargo, no hay nada más lejos de la realidad. El error científico se establece –ya ha quedado mostrado y demostrado este error en otra entrada- al establecer las distancias astronómicas y la naturaleza de las estrellas “fijas”, relacionando a éstas con las distancias y la naturaleza de las galaxias. Como quedará demostrado, una galaxia no es otra cosa que un cuerpo planetario gaseoso sobre cuyo plano ecuatorial son arrastradas partículas de polvo y hielo, además de pequeños meteoritos, formando los conocidos brazos espirales.
¿Cómo y por qué surge el concepto de galaxia? Las personas de la antigua Grecia, al observar el cielo nocturno, apreciaron a simple vista la existencia de una nube blanquecina a la que denominaron en griego γαλαξίας, "lácteo", que luego fue traducido al latín como “galaxia”. Más tarde los astrónomos romanos la denominaron Vía Láctea: “vía o calzada de leche”. Diversos relatos mitológicos referían que estaba formada por gotas de leche, generalmente de la cabra Amaltea o de la diosa Hera y espurreada por el bebé Hércules (o Heracles).
Sobre el significado de este concepto astronómico, como en otros muchos, es conveniente prestar especial atención si se quiere entender y razonar el proceso histórico en la astronomía que ha llegado hasta nuestros días. Una vez leído a que objeto se referían con el término "galaxia" y la posibilidad de ser visionada sin ayuda de tecnología alguna, se nos viene a la cabeza dos reflexiones: 1) Si la Vía Láctea puede ser observada sin ayuda de tecnología alguna: prismáticos o telescopios, significa que la “vía o nube de leche” se encuentra en una distancia “planetaria” de la Tierra. 2) Si podemos visionar de forma natural la “nube de leche”, no podemos estar dentro de la “nube”, sino fuera. Esta reflexión resulta tan lógica y evidente como que desde dentro de un bosque solo podemos ver una parte mínima del bosque (los árboles que nos rodean), pero nunca podremos ver el bosque al completo (para poder hacerlo hay que estar fuera). Expresar que la Tierra se encuentra dentro de la “nube de leche” y al mismo tiempo poder visionarla en su conjunto desde la Tierra, es absurdo y alejado de la razón (Vea la siguiente imagen de la Vía Láctea tomada desde la Tierra. ¿Usted cree posible que nos encontramos dentro de esa "nube" fotografiada desde la misma Tierra?).
El Universo está poblado de objetos que presentan diversas tipologías. Existen en forma de materia sólida o rocosa (Luna, Marte, Venus, Plutón…), rocas cubiertas de una esfera gaseosa (Júpiter, Saturno, Urano…), rocas envueltas en una esfera gaseosa que han sufrido una desintegración gravitatoria extendiéndose el gas por el espacio circundante al núcleo rocoso (las nebulosas) y rocas cubiertas de una esfera gaseosa rodeadas por partículas de polvo y hielo que se extienden espacialmente en su plano ecuatorial (las galaxias) Estos son los objetos tipo existentes en el Universo observado. Existen también dos objetos únicos y singulares: La Tierra y el Sol. Ambos objetos mantienen una relación de “colaboración” tan estrecha e imprescindible, que la existencia de uno no tendría razón de ser sin la existencia del otro. En el Universo no pueden existir otras “tierras” y otros “soles”. Toda noticia o información que aluda al descubrimiento de una lejana “Tierra”, unida a su “Sol” correspondiente, es producto de una interpretación errónea y perversa del origen y naturaleza del Universo y, por tanto, es total y absolutamente falsa. Así de simple.
Pero todavía hay más. No hace falta dirigir tan lejos la mirada de un telescopio para hallar una galaxia. Tenemos una galaxia potencial muy “cerca” de la Tierra: el planeta Saturno. Si este planeta realizase una órbita parabólica –similar a la de los cometas- alejándose unas 100 UA y aproximándose a la Tierra hasta la distancia actual, se observaría que Saturno pasaría de considerarse planeta a considerarse una galaxia en su distancia máxima. Este fenómeno o cambio en los anillos del planeta sucedería por la razón mecánica basada en el nuevo geocentrismo. Según esta nueva mecánica la velocidad orbital de un astro aumenta de forma directamente proporcional a la distancia (Observen que este enunciado es el que recoge E. Hubble en su ley sobre la “fuga” de las galaxias: "Las galaxias se alejan con una velocidad directamente proporcional a la distancia"). Y no solo se ve incrementada su velocidad orbital, sino también su velocidad angular o de giro. Ahora bien, con su velocidad angular hago referencia al núcleo sólido y a la materia gaseosa o sólida más próxima a éste. El resto de la materia que se extiende por el espacio en la prolongación del plano ecuatorial –polvo y partículas de hielo- van quedando rezagados respecto a la velocidad angular del núcleo, formando la figura que se conoce como “brazos espirales”. Vean el gráfico.
Para comprender la falsedad científica de que las galaxias son cúmulos de astros solares, hemos de indagar primero sobre la emisión de luz y calor de un astro excepcional como el Sol que ilumina y calienta a la Tierra. Cuando buscamos por Internet fotografías del Sol, es frecuente encontrarnos con imágenes como la siguiente:
Siendo una imagen fotográfica del Sol, no es la imagen que cada día apreciamos cada uno de nosotros cuando miramos al cielo. Todos hemos comprobado desde que nacemos que al intentar mirar al Sol, no podemos hacerlo directamente: no solo nos resulta imposible mantener la vista puesta en el Sol, sino que podría resultar herido nuestro sentido de la vista. Existen dos formas fundamentales de contemplar el disco solar: mirar a través de una placa fotográfica velada que hace las funciones de filtro, o captar la imagen del Sol con un telescopio y proyectarla filtrando su imagen sobre una superficie de textura mate preparada al efecto. De cualquier modo, el filtro se hace necesario. Pero claro, una cosa es mostrar una imagen real del Sol, y otra mostrar una imagen “filtrada”. Una imagen del Sol, tomada mediante el uso de filtros, reduce la luz circundante del disco solar dejando pasar tan solo la luz y la forma que nos interesa. De este proceso surge la imagen mostrada del Sol donde se aprecia mejor las convulsiones que tienen lugar en su superficie. Pero, insisto, no nos dejemos engañar. La imagen mostrada no es representativa de la imagen natural del Sol que apreciamos al mirar al cielo diurno. Ya que resulta complicado y arriesgado para nuestra salud visual intentar fotografiar al Sol directamente y sin filtros, se hace necesario representar la realidad de forma aproximada mediante una representación gráfica como la siguiente:
La ilustración del lado izquierdo representa lo que vemos desde la Tierra cuando miramos al Sol durante las horas diurnas: una esfera de luz que abarca todo el espacio visible en cuyo centro se encuentra el disco solar. Como vemos y sentimos, el Sol emite luz y calor al espacio esférico. De no hacerlo no existiría vida en la Tierra. La ilustración del lado derecho representa la proyección hipotética de la imagen anterior sobre la visión del Sol situado en unas 10.000 UA. La zona espacial del Sol se apreciaría más caliente (color anaranjado) y el resto del espacio esférico levemente iluminado (zona grisácea). La luz emitida por el Sol no se detiene: continúa extendiéndose por el espacio cósmico alcanzando a todos los astros que pueblan el Universo. Esa la apreciación natural que nos dicta la razón y el sentido común. Sin embargo, para el pensamiento científico la naturaleza no es lo que es, sino que es lo que ellos deciden que sea violentando las interpretaciones de la naturaleza para que ésta se amolde a sus deseos y teorías. A tal grado de ceguera, soberbia y perversión ha llegado la clase científica.
Llegados a este punto clarificador, continúo con el tema de las galaxias. Para desarrollar la siguiente explicación podría traer como ejemplos diversas fotografías de galaxias, pero considero que las explicaciones tediosas no facilitan la comprensión. Por tanto, he decidido centrar mis argumentos y explicaciones sobre la imagen fotográfica de la galaxia Hoag. La imagen es la siguiente:
Que la ciencia retoca o manipula fotografías obtenidas del espacio, no es ninguna novedad. Existen cientos de imágenes donde se aprecia con total claridad el retoque de que han sido objeto para representar algo irreal y ficticio. Son frecuentes las manipulaciones en imágenes de estrellas y galaxias acentuando el resplandor de las mismas con el fin perverso de mostrar un astro solar allí donde no existe. Así tenemos la fotografía retocada o manipulada del lado izquierdo. Se aprecia que el centro del círculo, o cinturón compuesto de polvo, ha sido manipulado aumentando el radio de la densidad lumínica. La realidad de la galaxia Hoag, se encuentra en la imagen de la derecha: el centro es tan solo un punto cuya luz se limita al punto mismo. No obstante, y aun dando por cierto la imagen de la izquierda, al observar la imagen surgen de inmediato dos preguntas (vea las imágenes): 1) ¿Por qué la zona espacial entre el centro luminoso y el círculo de polvo se encuentra a oscuras? 2) Si la luz que se emite desde el centro no llega al círculo de polvo, ¿cuál es o dónde está el foco de luz que está iluminando la zona frontal del círculo?
Las preguntas no pueden ser más obvias. Si usted coloca una bombilla encendida en medio de una habitación, la luz que se origina en la bombilla se extiende por todo el habitáculo hasta llegar a las paredes, al techo y al suelo: el haz de luz no se interrumpe en su trayectoria mientras no se interponga en su camino ningún objeto opaco. Y en la visualización de la fotografía, entre el centro y el círculo de polvo de la galaxia Hoag, no existe ninguna “pared”. Respecto a la luz que está iluminando el círculo de polvo, es un hecho comprobable y evidente que si la luz se emite desde el punto central, no hay forma de iluminar el cinturón de polvo tal y como se aprecia en la fotografía. Si usted dispone un foco de luz dentro de una rueda similar a la de un automóvil pero elaborada con un material que imite a una nube de polvo (por ejemplo de algodón), y si observa el círculo de frente (como se aprecia la imagen de la galaxia), comprobará que la luz radial afecta en especial al arco de la zona interior del cinturón, y poco o nada a la zona central del arco exterior y frontal.
Llegamos así a la conclusión de que las estrellas y las galaxias no emiten luz propia, sino que la luz que desprenden es el reflejo de la luz, y elementos químicos, que emite al espacio el único Sol existente en el Universo.







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