miércoles, 17 de agosto de 2011

La Creación Universal y la "fe" de los cristianos

Si hay un Libro Sagrado que ha sido tomado por la ciencia positivista como una fantasía carente de sentido, ese ha sido el Libro del Génesis. Pero, ¿es una fantasía… o es un Libro sellado para aquellos que se mofan de la Palabra de Dios? El Papa León XIII, dando un ejemplo de fe en las Sagradas Escrituras, algo que ha sido olvidado por los últimos pontífices cientificistas, arremetió contra todos aquellos pusilánimes y tímidos, proclamando el origen divino de las Sagradas Escrituras en toda su integridad.

Se lee en el prólogo de la Sagrada Biblia: “Las desviaciones del espíritu humano empiezan por despojar a las Sagradas Escrituras de su aureola más preciada, de su carácter de libros divinos, inspirados por el mismo Dios, y en pos de sus cavilaciones altanero e infatuado, por los progresos obtenidos en las ciencias físicas y en las disciplinas históricas, frente a las dificultades que surgen, acaba por desvirtuarlo todo y por negarlo todo, arrebatando a los Sagrados Libros hasta la fe y la autoridad humana, que concede fácilmente a otros escritos de la antigüedad, y dejándolos reducidos a un conjunto de mitos y leyendas. “Miran a los Sagrados Libros –decía León XIII- no como el relato fiel de acontecimientos reales, sino como fábulas ineptas y falsas historias. A sus ojos no han existido profecías, sino predicciones forjadas después de haber ocurrido los acontecimientos, o bien presentimientos producidos por causas naturales; para ellos no existen milagros verdaderamente dignos de este nombre, manifestaciones de la omnipotencia divina, sino hechos asombrosos que no traspasan en modo alguno los límites de las fuerzas de la Naturaleza, o más bien ilusiones y mitos; y que, en una palabra, los Evangelios y los escritos de los apóstoles no han sido escritos por los autores a quienes se atribuyen”.

Y para sostener todo ese cúmulo de negaciones y monstruosidades, se somete al texto a constante tortura en nombre de una crítica interna asentada sobre prejuicios racionalistas, se mutilan a capricho partes integrantes de los Libros Sagrados hasta dejarlos reducidos a un cuerpo sin alma, mejor diríamos a un esqueleto sin carne y sin nervios, del que vanamente podríamos esperar palabras de vida.

Ni faltaron desprecios y sarcasmos, scurriles ioci, y toda una propaganda baja y vulgar, si bien en los ambientes intelectuales y de mediana cultura el tono era de mentida serenidad y de aparato científico atrayente y seductor; tan seductor que causó a veces el desconcierto entre los mismos escritores católicos, produciendo en unos vacilaciones, en otros afán de componendas a base de sacrificar y restringir el concepto y el alcance de la inspiración divina y de la revelación, y empujando a algunos a aventurar hipótesis híbridas y aun a declararse ineptos y vencidos

“De tal modo que a esa ciencia nueva, a esa falsa ciencia, se oponga la doctrina antigua y verdadera que la Iglesia ha recibido de Cristo por medio de los apóstoles”

Libro del Génesis

Es harto frecuente encontrar textos de diversos autores exegetas –incluyendo de confesiones cristianas- que interpretan el Génesis de forma “sui géneris”. Fuerzan y violentan las citas del libro sagrado para adaptar su interpretación y significado a los postulados científicos sobre el origen azaroso y catastrófico del Universo o para reafirmarse en oscuros propósitos e intereses. Sin embargo, el texto del Génesis resulta sobradamente explícito en cuanto se refiere al orden en que fueron creadas las cosas. El texto inicial del Génesis explicita claramente que la Tierra ya había sido creada antes de que comenzaran los conocidos seis días de la Creación. Recordemos como comienza la narración del autor:

“Al principio creó Dios los cielos y la tierra. La tierra estaba confusa y vacía y las tinieblas cubrían la haz del abismo, pero el espíritu de Dios se cernía sobre las aguas” (Génesis 1,1-2)
  • Estos dos primeros versículos del Libro del Génesis explicitan que previamente a la Creación propiamente dicha, Dios había creado los cielos (el espacio vacío), la Tierra (entonces era una masa amorfa: un solo continente) y las aguas que cubrían a ésta (No acierto a comprender como algo tan obvio, ha sido pasado por alto tanto por los estudiosos de las Sagradas Escrituras, como por los hombres de ciencia).
  • La tierra creada miles o millones de años antes de comenzar la creación de los seis días, precisa de una maduración para originar todos los elementos químicos que encontramos en ella. El escenario que se nos narra es una tierra envuelta por una esfera de agua al modo de un bebé gestándose en el vientre materno. Ya desde su origen, la tierra envuelta por el agua adopta la misma posición que llevarán a cabo todos y cada uno de los seres humanos que se gestarán sobre su superficie. Y esta gestación simbólica de la Tierra, envuelta y presionada por la esfera de agua que la circunda, es la va a originar la composición química de la Tierra tal y como la conocemos: los elementos, la composición de la estructura terrestre: las montañas, los valles, las depresiones oceánicas, las rocas, los metales, las placas tectónicas y el suelo firme y arcilloso en donde va a surgir la vida, tanto vegetal, como animal y hasta la creación del hombre.
  • Ahora bien, ¿cuánto tiempo había transcurrido desde que Dios creó estos elementos y soportes fundamentales para la creación que va a iniciar a continuación? No lo sabemos porque no se mencionan datos al respecto. ¿Diez mil años… cien mil años… un millón de años…cuatro millones de años… cuatro mil millones de años? Es una incógnita. Sin embargo disponemos de algunas pistas: la datación de las rocas terrestres. No hemos de extrañarnos de que las dataciones de objetos terrestres nos indiquen que la longevidad de la tierra se considere en millones de años. La Tierra es entonces el astro más longevo de cuantos pueblan el Universo. Por tanto, y según el texto del Génesis, inferir de la edad de la Tierra que la edad del Universo tiene que ser más dilatado, no solo es un error, sino que la realidad viene avalada por la propia ciencia: ninguno de los meteoritos caídos sobre la tierra, ni los traídos de la Luna, aventajan en edad a la tierra.
  • ¿Contradice el Génesis lo que afirman los científicos sobre la edad de la Tierra? En absoluto. No solo no lo contradice, sino que mantiene una sana coherencia con las conclusiones de los geólogos sobre la dilatada edad de la Tierra. Los geólogos y geofísicos modernos consideran que la edad de la Tierra es de unos 4400-5100 millones de años (Bien podría ser el tiempo que la Tierra permaneció envuelta en una esfera de agua, elaborando los elementos)
Dijo Dios: “Haya luz”, y hubo luz. Y vio Dios ser buena la luz, y la separó de las tinieblas; y a la luz llamó día, y a las tinieblas noche, y hubo tarde y mañana día primero(1).
  • Es ahora cuando comienza la Creación de los seis días. Al igual que el artista cuando entra en su estudio, en horas nocturnas, enciende una lámpara para iluminar su lugar de trabajo, Dios crea la luz que ilumina todo el espacio. Pero esa luz no es la luz que proviene del sol, como muchas personas han interpretado erróneamente, es la cualidad lumínica que no está sujeta a elemento físico u orgánico alguno: surge como efecto de la Palabra. El concepto “luz” se hace realidad por el mero hecho de ser pronunciado por Dios. Al efecto que produce la luz, Dios lo llama día, y a los efectos de su contrario: la oscuridad, las tinieblas, lo llama noche. Primer día de la Creación.
  • (1) Exceptuando el período de gestación de la tierra y de las aguas, que no entran en el período de la Creación propiamente dicha, un día de la Creación no significa un día astronómico de 24 horas. Podría interpretarse como un período de tiempo. ¿Quizá mil años,… diez mil,… cien mil…? No sería extraño que cada período (día) de la Creación sea diferente de los demás. Por ejemplo, este primer día, Dios crea la luz al ordenarlo con su Palabra. ¿Hace falta que transcurra un período dilatado para que la luz se manifieste? Posiblemente no. Sin embargo cuando se crea el reino vegetal, o el reino animal, Dios puede dejar que transcurra un tiempo “natural” para que los vegetales y los animales se vayan “acomodando” al terreno donde toman vida. Por tanto, hemos de considerar estos factores que inciden en los períodos de la Creación.
Dijo luego Dios: “Haya firmamento en medio de las aguas, que separe unas de otras”; y así fue. E hizo Dios el firmamento, separando aguas de aguas, las que estaban debajo del firmamento de las que estaban sobre el firmamento. Y vio Dios ser bueno. Llamó Dios al firmamento cielo, y hubo tarde y mañana, segundo día.
  • Este segundo día, Dios desea y ordena que el volumen de aguas que contienen en su centro a la tierra, se separen y se alejen de la tierra, dejando un resto de aguas anexionadas a la tierra. El “firmamento que separa las aguas unas de otras” puede entenderse como el espacio entre las aguas que están debajo del firmamento (las aguas anexionadas a la tierra) y las aguas que están sobre el firmamento (las aguas que han sido separadas de la tierra). Ahora bien, ¿dónde están las aguas sobre el firmamento? ¿Habrá alguna región en el cielo que contenga esas aguas?... La respuesta a estas preguntas nos la ofrece la naturaleza de las estrellas que son creadas el cuarto día.
Dijo luego: “Júntense en un lugar las aguas de debajo de los cielos, y aparezca lo seco”. Así se hizo; y se juntaron las aguas de debajo de los cielos en sus lugares y apareció lo seco; y a lo seco llamó Dios tierra, y a la reunión de las aguas mares. Y vio Dios ser bueno.

Dijo luego: “Haga brotar la tierra hierva verde, hierva con semilla y árboles frutales cada uno con su fruto, según su especie y con su simiente sobre la tierra” Y así fue. Y produjo la tierra hierva verde, hierva con semilla, y árboles de fruto con semilla cada uno. Vio Dios ser bueno, y hubo tarde y mañana, día tercero.
  • Las aguas que han quedado anexionadas a la tierra, se encuentran extendidas y diseminadas por la superficie de la tierra cubriendo y ocupando valles, colinas y senderos. A la palabra de Dios, las aguas que ocupan y cubren la tierra se juntan en las cavidades o zonas de la tierra que conocemos como los océanos y mares. Una vez reunidas las aguas en los océanos y mares, Dios llama a la tierra: seco, y a la reunión de las aguas: mares.
  • ¿En qué proporción distribuye el Creador las aguas y lo seco en la Tierra? Desde hace apenas tres siglos, se conoce que el “planeta” Tierra se compone de 1/3 de tierra y 2/3 de aguas. Pero tal conocimiento “científico” ya fue expresado por el profeta Isaías (40,12): “¿Quién midió las aguas con el hueco de su mano y apalpó los cielos, y determinó en un tercio todo el polvo de la tierra, pesó en las romanas las montañas, o en la balanza los collados?”
  • Igualmente, Dios ordena que de la tierra broten los vegetales: hierva verde, hierva con semilla y árboles con fruto según su especie. La tierra se cubre de vida vegetal. Tercer día de la creación.
  • NOTA: En la frase: “Dijo luego Dios”, el adverbio luego debe entenderse como “Transcurrido un tiempo”. Luego no significa necesariamente que una acción se siga de la anterior de forma inmediata. Si una persona dice: “A las cuatro de la tarde eché la siesta y luego me preparé para salir a cenar”, no significa que fue a cenar a las cuatro y cinco de la tarde. Entre las cuatro de la tarde, que se fue a la siesta, el prepararse y salir a cenar, han podido transcurrir cinco o seis horas. Pero cinco o seis horas de un día terrestre pueden significar miles de años en un día de la Creación.
  • Obsérvese que este tercer día de la creación sucede algo que no se ha tenido en cuenta en el estudio de los fósiles vegetales: todavía el Sol no ha sido creado. Y si todavía no ha sido creado el Sol, tampoco inciden sobre los vegetales originales los rayos cósmicos en que basan las pruebas del Carbono-14. ¿Cuánto tiempo existieron vegetales sin verse afectados por estos isótopos hasta que irrumpieron en la tierra los vegetales afectados por la creación del Sol? ¿Cómo repercute este hecho, que se ha ignorado o pasado por alto, en la Geocronología de los fósiles vegetales?
Dijo luego Dios: “Haya en el firmamento de los cielos lumbreras para separar el día de la noche, y servir de señales a estaciones, días y años; y luzcan en el firmamento de los cielos para alumbrar la tierra”. Y así fue. Hizo Dios los dos grandes luminares, al mayor para presidir el día, y el menor para presidir la noche, y las estrellas; y los puso en el firmamento de los cielos para alumbrar la tierra y presidir al día y a la noche, y separar la luz de las tinieblas. Y vio Dios ser bueno, y hubo tarde y mañana, día cuarto.
  • En su creación ordenada y medida, Dios va a crear el Sol y la Luna. El primero para separar el día de la noche (la luz de las tinieblas) y para que sirva de estaciones, días y años. La Luna para fijar los meses. Y también crea las estrellas (los puntos luminosos que se observan en el cielo nocturno). La división que hace la falsa ciencia entre estrellas, planetas, galaxias, nebulosas, etc., carece de sentido: todos son estrellas (¡Ojo! el concepto de estrella aplicado al Sol, deviene de conceptuar falsamente como astros solares a las estrellas). Otra cosa es que las estrellas sean catalogadas según su aspecto. Observen que tanto el Sol, como la Luna y las estrellas, son creados para servir a la Tierra(1). Y quedan supeditadas a la tierra, no solo porque en la tierra va a existir la humanidad creada a imagen de Dios (es una aberración pretender que la Tierra, gestada durante millones de años para contener la vida, se mueva alocadamente(2) alrededor de un astro joven como es el Sol), sino por haber sido gestada durante millones de años para cumplir el fin propuesto y diseñado por la divinidad: contener la vida física en todas sus formas, desde la más simple hasta la más compleja: el hombre. “Porque así habla Yavé, el que creó los cielos, el Dios que formó la tierra, la hizo y la afirmó. No la creó para yermo, la formó para que fuese habitada. Soy yo Yavé y ningún otro.” (Isaías 45, 18)
  • Y ahora retomamos la cuestión aparcada en el segundo día: ¿dónde han ido a parar las aguas de “encima del firmamento”? No podemos saberlo con certeza plena. Sin embargo al descubrir la verdadera naturaleza de las estrellas podría hallarse una interpretación. Las estrellas, muchas de las que pueblan el Universo, son astros cuya composición fundamental es el hielo. ¿De dónde ha surgido la materia prima para formar astros de agua solidificada?... ¿No será que las aguas que cubrían la tierra fueron convertidas en estrellas?... Para algunos esta interpretación les parecerá banal o descabellada, pero ¿acaso este argumento no resulta coherente con el texto? ¿Acaso disponen de otra interpretación más sólida y coherente sin romper con el sentido textual?
  • (1) “Así dice Yavé: “Yo he puesto al sol para que luzca de día, las leyes a la luna y a las estrellas para que luzcan de noche; el que conturba el mar y hace bramar las olas tiene por nombre Yavé de los ejércitos” (Jeremías 31,35) Todos los versículos de las Sagradas Escrituras que hacen referencia al sol y a las estrellas lo están manifestando y nadie se da cuenta o todos lo ignoran: solo existe un astro solar. En el versículo “ha puesto al sol para que luzca de día” y ha dado “las leyes a la luna y a las estrellas para que luzcan de noche”, se aprecia la separación entre “el sol que luce” y las “leyes a los astros que reflejan la luz del sol”: la luna y las estrellas. Si las estrellas fueran astros solares, no serían objeto de leyes como a la luna para que luzcan de noche. Entonces Dios podría expresar: “he puesto el sol para que luzca de día y a otros soles en el firmamento para que luzcan de noche”. Pero si el fin de las estrellas es que luzcan de noche, ¿para que va a crear y colocar astros solares en distancias astronómicas si el brillo de las estrellas puede ser originado con la luz de un solo astro solar? Es la ley del mínimo esfuerzo: la luz de un solo astro solar es la que provoca los reflejos en los astros estelares. Si las invenciones humanas buscan la ley del mínimo esfuerzo en todas las obras de ingeniería, ¿por qué no habría de utilizarlo Dios, origen y fuente de la sabiduría, en la creación universal? El mismo concepto de “estrellas” y las leyes que se les aplica, igual que a la luna, ya está determinando las propiedades de estos objetos respecto a la singularidad y exclusividad del Sol.
  • “El sol preside el ejército de los altos cielos, pero el hombre es polvo y ceniza” (Eclesiástico 17,31) ¿No está expresando el texto que la luz del sol es la responsable del brillo de todas las estrellas?
  • “(La sabiduría) Es más hermosa que el sol; supera a todo el conjunto de las estrellas, y comparada con la luz, queda en primer lugar” (Sabiduría 7,29) En el texto se coloca en el mismo nivel al sol y al conjunto de las estrellas: la unidad luminosa y el conjunto de astros brillantes. ¿No se infiere del texto que el brillo de todas las estrellas se deben a la luz que emite el sol?
  • He mencionado que muchas estrellas están compuestas de hielo. Otras estrellas, sin embargo, se componen de una roca central cubierta de una esfera gaseosa. Vuelve a surgir la misma pregunta: ¿De dónde surgió el material rocoso de los núcleos estelares? ¿Tuvo que crearlo Dios al margen de la creación de la tierra… o al crear la tierra ya había previsto el material terrestre y/o rocoso necesario para formar tanto la Luna, como las distintas formas de estrellas? El proceso podría representarse con la preparación de la arcilla previamente al trabajo artesano. Si el profesional artesano sabe que debe elaborar 100 vasijas durante la jornada de trabajo, no preparará la arcilla necesaria para formar 1 vasija, dejará preparada la arcilla necesaria para elaborar las 100 vasijas. Por tanto, no debe extrañarnos que la masa amorfa y original de la tierra “seca”, mostrase un volumen miles de veces superior al volumen que conocemos. De cuyo volumen terrestre original, Dios podría haber separado las porciones para crear parte de las estrellas. Este argumento explicaría el por qué las dataciones tanto de rocas lunares, como de meteoritos, presentan edades similares a la edad de la tierra.
Dijo luego Dios: ”Hiervan de animales las aguas y vuelen sobre la tierra aves bajo el firmamento bajo el firmamento de los cielos”. Y así fue. Y creo Dios los grandes monstruos del mar y todos los animales que bullen en ella, según su especie, y todas las aves aladas, según su especie. Y vio Dios ser bueno, y los bendijo diciendo: “Procread y multiplicaos y henchid las aguas del mar, y multiplíquense sobre la tierra las aves". Y hubo tarde y mañana, día quinto.
  • El quinto día Dios crea los animales del mar y los animales del cielo. La tierra ha dejado atrás el silencio que la ha venido acompañando hasta este día. Las aguas hierven de vida y los cielos se pueblan de animales alados. Y bendiciendo a todos los seres vivos les dice que procreen, que llenen las aguas de vida y el cielo de aves.
Dijo luego Dios: “Brote la tierra seres animados según su especie, ganados, reptiles y bestias de la tierra según su especie”. Y así fue. Hizo Dios todas las bestias de la tierra según su especie, los ganados según su especie y todos los reptiles de la tierra según su especie. Y vio Dios ser bueno.
  • Del mismo modo que en el día anterior, Dios ordena que de la tierra broten todos los animales terrestres según su especie. Pero debe observarse que el hagiógrafo del Génesis hace una separación entre el surgimiento (el brote) de los animales y la creación del hombre que tiene lugar después. Primero surgen los animales terrestres, y después (¿miles de años?) es creado el hombre. Por lo tanto existe un espacio temporal entre el surgimiento de los primeros y la creación del segundo. ¿Cuánto tiempo transcurrió entre el surgimiento de los animales y la creación del hombre? ¿Es necesario conocer el tiempo que medió entre el surgimiento de los primeros y la creación directa del hombre? No, necesariamente. Los días a que hace referencia la creación no son días astronómicos, tal y como lo vivimos la humanidad. Entre la aparición de los animales que surgen de la tierra y la creación del hombre, podrían haber transcurrido miles de años. Nos vale con saber que los animales terrestres, entre los que se encontraban los simios(1), surgieron de la tierra con anterioridad a la creación del ser humano. Por tanto a los que pretenden utilizar los restos fósiles de cráneos o cualquier elemento de la estructura corporal de simios, datados en la prehistoria como prueba sustentadora de la teoría evolucionista, les sugiero dejen de engañarse a sí mismos y a toda la humanidad: en la prehistoria, de donde obtienen los restos simiescos, el hombre todavía no había sido creado.
  • (1) En el Levítico se especifica que animales pueden comerse y cuales no, por considerarse inmundos. Muchas personas saben que los judíos y los musulmanes no comen carne de cerdo, pero lo que mucha gente ignora es que tampoco deben comer reptiles, liebres, ratas, angulas, buitres… y “todo animal que anda sobre la planta de los pies”(Lev. 11,27): los primates andan sobre la planta de los pies, por tanto son considerados animales inmundos. Si los simios están considerados como carne inmunda, al mismo nivel que los ratones y los cerdos, ¿cómo se pretende que el hombre: “imagen y semejanza de Dios”, haya surgido de un antepasado inmundo? Si así fuera también el hombre sería inmundo ya que la inmundicia genera inmundicia. Por tanto, aceptar, enseñar y difundir que el hombre ha evolucionado de un animal inmundo: los simios, es una abominación.
Díjose entonces Dios: “Hagamos al hombre a nuestra imagen y a nuestra semejanza, para que domine sobre los peces del mar, sobre las aves del cielo, sobre los ganados y sobre todas las bestias de la tierra y sobre cuantos animales se mueven sobre ellas”. Y creó Dios al hombre a imagen suya, a imagen de Dios lo creó, y los creó macho y hembra; y los bendijo Dios diciéndoles: “Procread y multiplicaos, y henchid la tierra; sometedla y dominad sobre los peces del mar, sobre las aves del cielo y sobre los ganados y sobre todo cuanto vive y se mueve sobre la tierra”. Dijo también Dios: “Ahí os doy cuantas hiervas de semilla hay sobre la haz de la tierra toda, y cuantos árboles producen frutos de simiente, para que todos os sirvan de alimento. También a todos los animales de la tierra, y a todas las aves del cielo, y a todos los vivientes que sobre la tierra están y se mueven les doy para comida cuanto de verde hierva la tierra produce”. Y así fue. Y vio Dios ser muy bueno cuanto había hecho, y hubo tarde y mañana, día sexto.
  • Del texto se infiere que los animales originales no eran carnívoros. Se alimentaban de vegetales (hierva verde). ¿Cuándo y por qué se produjo el cambio?
Así fueron acabados los cielos y la tierra y todo su cortejo. Y rematada en el día sexto toda la obra que había hecho, descansó Dios el séptimo día de cuanto hiciera; y bendijo al día séptimo y lo santificó, porque en él descansó Dios de cuanto había creado y hecho.

Este es el origen de los cielos y la tierra cuando fueron creados.

"Al tiempo de hacer Yavé Dios la tierra y los cielos, no había aún arbusto alguno en el campo, ni germinaba la tierra hiervas, por no haber todavía llovido Yavé sobre la tierra, ni haber todavía hombre que la labrase, ni vapor acuoso que subiera de la tierra para regar toda la superficie cultivable. Modeló Yavé Dios al hombre de la arcilla y le inspiró en el rostro aliento de vida, y fue así el hombre ser animado”. (Génesis 2,4-7)
  • No es ningún secreto que la composición mineral que contiene el cuerpo humano es la misma composición mineral de la arcilla, y la composición mineral de los animales que surgieron de la tierra es también similar a la composición de la arcilla. El Libro del Génesis demuestra su coherencia con los datos aportados por la propia ciencia.

Traigo aquí un texto de Enrique L. Dóriga, “El universo de Newton y de Einstein”:

“A lo largo de la Historia de la Ciencia, la edad de la Tierra se ha visto ampliada conforme al avance de los nuevos descubrimientos. Si hace apenas dos siglos, el horizonte espacial de la humanidad estaba considerado en apenas unos miles de años, basándose en los textos del Génesis, los nuevos descubrimientos en arqueología, pero en especial la paleontología, reclamaba un período más amplio para poder “encajar” la evolución de las especies. De esta forma la edad asumida entonces por los astrónomos resultaba insuficiente para los paleontólogos y los geólogos.

Tratando de explicar el origen de la energía solar, el físico Helmholtz propuso la hipótesis del origen gravitatorio de la energía solar. Según esta teoría el Sol experimenta una contracción continua. La hipótesis de Helmholtz explicaba el elevado ritmo de producción energética del Sol sin señales aparentes de agotamiento, pero presentaba una dificultad al proyectar esa misma teoría hacia tiempos pretéritos. Hace dieciocho millones de años la masa solar debía tener un diámetro mayor de 300.000.000 kms. Si la Tierra dista del Sol en 150.000.000 kms. , la Tierra tenía que formar parte de la nebulosa solar primitiva.

¿Era posible? No, según los geólogos, pues en 18.000.000 de años no pudieron realizarse todas las transformaciones necesarias para que la Tierra pasara de una masa incandescente, al estado planetario de la actualidad. El “principio de uniformidad” en el ritmo de los cambios geológicos, enunciado por el escocés J. Hutton, tenía que saltar en mil pedazos (Asimov, El universo).

En el siglo XX volvió a presentarse un conflicto análogo. A partir de la fuga de las galaxias, Hubble calculó que la expansión del Universo comenzó hace dos mil millones de años. Aun siendo una edad superior a la estimada por Helmholtz, de nuevo resultaba corta para los geólogos que habían llegado a determinar el tiempo de algunas rocas de África del Sur: entre 3.200 y 4.000 millones de años. ¡La Tierra resultaba más vieja que el Universo!(1)

(1) ¡Pues claro que la Tierra es más vieja que el Universo! ¿Acaso no es la interpretación que corresponde a los versículos 1 y 2 del Libro del Génesis?

El texto de la obra mencionada continúa exponiendo más pruebas relacionadas con la edad de la Tierra, donde tomaron parte tanto los geólogos como los astrónomos. De este modo menciona la formación del sistema solar haciendo referencia a la hipótesis planetesimal y a la hipótesis nebular (según la cual la edad del Universo es de unos 4.500 millones de años) y la tectónica de placas con la deriva de los continentes… Expresar, por tanto, que los geólogos, los paleontólogos y los astrónomos no establecieron una concordancia paralela con la edad del Universo, es ignorar los hechos históricos.