lunes, 26 de septiembre de 2011

Conocimiento universal perverso

Desde la Ilustración los hombres de ciencia han señalado a la fe religiosa como contraria a la razón. Nada más lejos de la realidad. Lo que ocurre es que la ciencia falsa resulta incompatible con la Verdad que nos revela la fe inquebrantable en la Palabra dada por Dios. Es ahí donde surge el conflicto entre la fe y la “razón”. La ciencia proclama a la falsa razón como guía y estandarte que debe abanderar la humanidad. Se ofrece y se exige a la humanidad que tome “gato por liebre”. Pero, ¿los cristianos debemos confiar en la razón de los hombres, o en la Razón de Dios? Dice Dios: “Maldito el hombre que en otro hombre pone su confianza”. Para desgracia de la humanidad, los mortales han confiado más en otros iguales inspirados y guiados por la Mentira en su lucha contra la Verdad de las Sagradas Escrituras.

¿Acaso se expresa en el Libro Sagrado: la Biblia, alguna Verdad científica? Por supuesto que no. La Biblia no es un tratado científico, es un tratado sobre el único Dios, su creación universal inteligente y ordenada y sobre la salvación humana mediante el sacrificio en la cruz de su hijo Jesucristo. No existen enunciados ni teorías científicas con las que el hombre pueda conocer la estructura, la naturaleza y las leyes que rigen en el Universo. Pero sobre este vacío “racional”, se exige a los cristianos que tengan fe en la Palabra expresada por Dios a través de los profetas y por el mismo Jesucristo. Se dice también que toda ciencia que se encuentre en sintonía con la palabra de Dios, es verdadera y que toda ciencia que contradice a la palabra de dada por Dios, es falsa. Así pues, una ciencia que proclama un origen caótico del Universo y un origen azaroso del hombre, se opone a la palabra de Dios y, por tanto, son teorías falsas.

Pero, si son falsas las teorías vigentes sobre el Universo y el Hombre, ¿cómo es que las leyes de la física moderna parecen ajustarse y confirmar la veracidad de dichas teorías? La respuesta a la pregunta es sencilla. Si una persona se coloca delante de un espejo observará su propia imagen reflejada. Si aplica leyes a la imagen reflejada creerá que la realidad es su propia proyección en el espejo, y no su propio ser físico. Algo así es lo que viene sucediendo a nivel astronómico: los científicos están ofreciendo al mundo una realidad falsa: la proyección simétrica de la propia imagen o realidad de la Naturaleza. Por tanto, esas leyes de la física moderna no están interpretando la realidad natural de las cosas, sino una fantasía simétrica de la realidad. Y sobre esas fantasías se ha levantado el moderno edificio de la Ciencia relativista.

Es cierto que el conocimiento exige demostración. Pero resulta igualmente cierto que los científicos, sujetos al orgullo y a la soberbia, no están por la labor de investigar otras teorías que supondrían echar abajo lo que tanto tiempo han venido enseñando, disertando, debatiendo y defendiendo. La Universidad puede ser definida como se quiera, menos de ser “universal”. Nada hay de universal en la Universidad. Todos sus esfuerzos se centran, solo y únicamente, en mantener el actual estatus del falso conocimiento. Falsa razón dominante, y publicitada en todos los centros de “educación y formación”, de la que obtienen buenos dividendos todos los poderosos de la Tierra. ¿A qué científico le importa la Verdad si ya dispone de otra “verdad” consensuada por toda la humanidad y a medida de sus propios ideales? A ninguno. Por eso dejó dicho el profeta: “Caerá el castigo sobre toda la humanidad, porque todos los moradores de la Tierra fueron hallados culpables”. Toda la cristiandad ha sido confundida por la Mentira que dirige y gobierna la falsa ciencia. Y ya que he mencionado la necesidad de demostración, vamos con un ejemplo entre otros muchos:

Se dice que el valor de G = 6,673•10-11 Nm^2/kg^2. Este valor ha sido constatado mediante diversos procedimientos llevados a cabo en la superficie de la Tierra. Pero, ¿el valor de esta constante de gravitación es un valor de suyo independiente, o es el resultado de conjugar otras fuerzas presentes en la superficie de la Tierra? Veamos. Según el período de rotación que aplica la ciencia moderna a la Tierra, la aceleración centrípeta es igual a (v^2/r) 0,0339 m/s^2. Según el período de rotación terrestre geocéntrico la aceleración centrípeta resulta de (v^2/r) 0,03373 m/s^2. Por otro lado conocemos que la velocidad de escape (Ve) es de unos 11.240 m/s. Esta velocidad que debe alcanzar un objeto para alejarse de la Tierra hacia el espacio exterior, es también una fuerza centrípeta que la Tierra ejerce de forma radial sobre el objeto. Obviamente, de no existir esa fuerza terrestre centrípeta, los objetos lanzados saldrían despedidos fácil y libremente hacia el espacio exterior. Conforme a estos datos fundamentales de fuerzas centrípetas, descubrimos la composición de otras constantes vigentes en la física moderna. Así comprobamos que el valor de G resulta de conjugar estas dos fuerzas fundamentales: la aceleración centrípeta y la velocidad de escape. Ya que el valor de G es igual a

                                      Ac         0,03373 N
----------- = ------------------ = 6,673•10^-11 Nm^2/kg^2·2^2
                            Ve^2      (11.240m/s)^2

Luego resulta que G no es una constante con un valor personal e independiente, sino que es el producto de conjugar las dos fuerzas centrípetas mencionadas. Lo explicaré de otra forma más grafica. Si tomamos una tarta a la que llamamos G, al cortarla en porciones descubrimos que la tarta (G) se compone de dos elementos “ocultos”. Son estos dos elementos los que hacen posible la tarta, o sea G. También podemos representar el valor de G con una barra pintada con un color pero que al quitar la capa de pintura externa aparecen dos colores diferentes.

¿Y qué relevancia tiene que G se componga conjugando estos dos elementos de fuerza? Mucha. En primer lugar, el valor de G es solo y exclusivamente un valor terrestre. En segundo lugar el valor de G no es aplicable a todos los cuerpos del Universo y, en tercer lugar, el valor de G puede descomponerse separando o aislando las fuerzas centrípetas que lo conforman. Me explico. Conforme a los datos irrefutables del nuevo geocentrismo, el radio orbital medio de la Luna (rL) es de unos 254.700.000 m y su masa es de unas 1/69,5 veces la masa de la Tierra que es de unos 2,99•10^24 kg (la mitad de la masa establecida), y el radio orbital del Sol es de unos 97.682.000.000 m y su masa es de unas 1/6,2 veces la masa de la Tierra (Las masas de los astros estelares resultan ser inversamente proporcionales a la distancia). Pues bien, haciendo uso de la física moderna, la fuerza que la Tierra ejerce sobre la Luna es igual a

                                                     m1 m2
F = G -------------- = 1,328•10^20 N = constante
                                               R^2

¿Por qué surge esta fuerza? La Luna no es un astro cualquiera. Su masa y su tamaño nos indica que la Luna es algo más que un satélite: es el planeta más cercano a la Tierra. Precisamente, es su proximidad a la Tierra lo que la obliga a desplazarse en una órbita en sentido oeste-este: contrario al sentido o dirección que ejecutan el resto de los astros. La Luna quiere moverse en el sentido natural de los astros: este-oeste, pero el giro de la Tierra se lo impide obligándola a moverse en el sentido de la rotación de la Tierra. En esta “lucha” constante, la Tierra ejerce sobre la Luna una fuerza triple: la fuerza radial que la mantiene en su distancia orbital, la fuerza de arrastre que la obliga a moverse hacia el este y la fuerza que soporta la oposición de la Luna al querer moverse en el sentido contrario. Por tanto, la velocidad orbital de la Luna en sentido contrario al resto de los astros supone aplicar la fuerza terrestre elevando al exponente 4 la velocidad orbital media de la Luna (vL), que es de unos 576,6m/s. Por otro lado, el período orbital de la Luna no es el referente al período sideral, ni tampoco el referente al período sinódico, sino que su período es de unos 32,128d. Por consiguiente, la relación entre el período sideral (período oficial) y el geocéntrico es de 0,8504. Considerando, también, que los astros estelares realizan 2 órbitas anuales, la fuerza terrestre sobre la Luna que hemos hallado arriba es igual a

                                          
                               vL^4•rL•2^2
F = ----------------- = 1,328•10^20 N = masa Tierra•ac•aL
                                   0,8504

¿Cuál es, entonces, la fuerza que la Tierra ejerce sobre el Sol? En la relación Tierra-Sol, una de las fuerzas que componen el valor de G queda inutilizada. Por su dilatada distancia a la Tierra, el Sol queda libre del empuje rotacional de la Tierra, al modo en que sucede con la Luna. Por tanto el Sol se desplaza hacia el oeste que es el sentido natural de los astros. En este caso, la fuerza de la Tierra sobre el Sol queda limitada a “sujetarlo” para obligarlo a cambiar el sentido natural rectilíneo por otro curvilíneo.

(Obviamente las fuerzas de la Tierra se extienden por el espacio alcanzando a los astros más lejanos, pero de forma tal que a mayor distancia, menor es la fuerza que ejerce de arrastre en el sentido rotacional. Este hecho implica que los astros más lejanos se desplacen en sus órbitas con mayor velocidad que los astros más cercanos o próximos a la Tierra. De ahí que cuando el planeta Venus (y también Marte) se aproxima en su órbita a la Tierra, su sentido habitual de rotación (oeste-este) se frene y cambie a este-oeste para volver a su sentido habitual cuando se aleja de la Tierra. Lo mismo sucede en el ámbito planetario: los satélites más alejados de un planeta (comprueben los satélites de Júpiter y de Saturno) se desplazan en sentido “retrógrado”: de este a oeste). Pues bien, si en la relación con nuestro “satélite” natural, la Tierra debe ejercer un fuerza considerable, en el caso del Sol, la Tierra no precisa ejercer las mismas fuerzas que con la Luna. Por tanto, el valor de G queda “reducido” de tal forma que la fuerza de la Tierra sobre el Sol resulta idéntica a la fuerza que la Tierra necesita ejercer sobre la Luna

                                                                     m1 m2 
F(sobre el Sol) = G·Ve -------------- = 1,328•10^20 N •0,08504 = constante
                                                                       R^2

¿Y la de un astro estelar? Si en la relación Tierra-Sol, el valor de G queda restringido, en el caso de los astros estelares se limita aun más. El hecho de que un astro estelar (los que brillan en el cielo nocturno) realicen 2 órbitas anuales, indica que sus velocidades son directamente proporcionales a la distancia y que las fuerzas que se originan sobre ellos es tan solo una fuerza terrestre elemental cuya finalidad es la misma que ejercen con el Sol: obligarles a cambiar el sentido rectilíneo por el curvilíneo que forman sus órbitas sincronizadas sin afectarles la fuerza de arrastre rotacional de la Tierra. Por consiguiente la fuerza que la Tierra ejerce sobre los astros estelares es la siguiente

                                                                                m1 m2 
F(sobre astros estelares) =G·Ve^2--------------=1,328•10^20 N•0,8504= constante
                                                                                  R^2

Continuará…