martes, 25 de octubre de 2011

A Benedicto XVI y sus "sabios" consejeros

En la noticia publicada en el periódico ABC y titulado: “El Vaticano pide crear una ONU para controlar el sistema financiero”, se dice:

“Ante la catástrofe causada por la excesiva desregulación de los mercados financieros y la imposibilidad de resolverla a nivel nacional, el Vaticano renovó ayer la propuesta de «Autoridad política mundial» formulada por Benedicto XVI en su encíclica «Caritas in Veritate» del 2009, pero añadiendo un ambicioso proyecto constituyente para llegar a crear un gobierno mundial tomando como punto de referencia el sistema de Naciones Unidas.

El Papa denunció entonces «los efectos perniciosos sobre la economía real de una actividad financiera mal utilizada y en buena parte especulativa», y advirtió que «la crisis nos obliga a revisar nuestro camino, a darnos nuevas reglas». Por desgracia, en los dos años transcurridos desde entonces, ningún gobierno se ha atrevido a cambiar las reglas del juego para intervenir en la raíz de los problemas, sino que se limitan a poner parches tardíos sobre consecuencias que perjudican ya a más de mil millones de personas. El Vaticano advierte que los «comportamientos de egoísmo, avaricia colectiva y acaparamiento de bienes a gran escala» generarán «un clima de creciente hostilidad e incluso de violencia, hasta minar las bases de las instituciones democráticas, incluso las más sólidas».

Una solución global

El documento de 16 páginas presentado por el cardenal ghanés Peter Turkson, presidente del Pontificio Consejo «Justicia y Paz», ofrece un diagnóstico muy claro sobre las causas de la crisis financiera —la temeridad en el crédito y la creación descontrolada de instrumentos financieros especulativos— así como sobre las cuatro ideologías que favorecen esas conductas perniciosas: el liberalismo desregulador, el utilitarismo, el individualismo y el tecnocratismo.

La conclusión es evidente: el problema sólo puede ser resuelto a nivel global, por lo que es imprescindible comenzar a construir la «Autoridad política mundial» solicitada por Benedicto XVI en el 2009. El Pontificio consejo «Justicia y Paz» dirige sus propuestas de modo inmediato a la reunión del G-20 de jefes de Estado y de Gobierno en Cannes el 3 y 4 de noviembre, pero va mucho más allá: quiere abrir un debate en todos los países, en las instituciones internacionales y en las universidades; dar la palabra a la sociedad y a los economistas después de un exceso de protagonismo de inversores especulativos y grandes bancos.

Este debate reformista resulta vital cuando los líderes políticos de los principales países occidentales están debilitados, precisamente por no haber sido capaces de gestionar con valentía una crisis que sigue agravándose a ojos vistas en su dimensión y sus consecuencias sobre las personas. Según el economista Leonardo Becchetti, que participó en la presentación del documento: «ante la debilidad de la banca, salieron al rescate los gobiernos que, al hacerlo, se han debilitado. Es como una transfusión sanguínea en la que el donante termina peor que el enfermo inicial». Becchetti denuncia que «el sistema financiero logró privatizar los beneficios y nacionalizar las pérdidas, que pasan una y otra vez a las espaldas de los contribuyentes».

El documento afirma que «no hay que tener miedo a proponer cosas nuevas, incluso aunque puedan desestabilizar equilibrios de fuerzas que dominan a los más débiles».

Estados ineficaces

Aunque el Vaticano no quiere presentar un proyecto demasiado elaborado, sino abrir un debate, su documento propone mantener mercados financieros libres pero disciplinados por un cuadro jurídico que incluye cuatro elementos: crear una «Banca Central Mundial», establecer un Impuesto sobre las transacciones financieras (Tobin tax), crear un Fondo mundial de recapitalización bancaria, y diferenciar las reglas de banca comercial y de banca de inversiones.

El documento propone superar el cuadro internacional «westfaliano» (surgido de la Paz de Westfalia en 1648) que dio lugar a los estados nacionales. El estado nacional sigue siendo un instrumento muy útil, pero es ineficaz frente a problemas globales, como se vio ante la contaminación atmosférica hasta que surgieron los acuerdos de Kioto. La existencia de una sociedad civil global permite abordar ya la creación de un gobierno mundial, que no sea enemigo de la democracia sino garante de los derechos de todos en áreas que desbordan la capacidad de control de los estados nacionales. El cardenal Turkson reconoció que la actividad de grupos de estados como el G-8 o de G-20 puede resultar beneficiosa a corto plazo, pero deja siempre atrás a los países más débiles y resulta en todo caso limitada. Por eso propone abiertamente un gobierno mundial”.

Comentario a la noticia

Una vez más, y son muchas, los altos cargos de la Iglesia Católica vuelven a cometer un grave error predicando y solicitando la creación de una “Autoridad política mundial” ¡Es el colmo de la ceguera en materia bíblica! Qué razón tenía Pablo VI cuando dijo aquello de que: “El humo de Satán ha entrado por las grietas en el templo de Dios”. Este deseo del Vaticano -no dudo que con buenas intenciones-, contradice a las profecías bíblicas. El argumento del Vaticano se sustenta en la actual situación internacional del poder partitocrático bendecido por la Iglesia. Los “sabios” de la Iglesia ignoran las palabras proféticas respecto al Imperio de la Bestia que tendrá lugar en los últimos tiempos. Ignoran estos “sabios” consejeros que la “Autoridad política mundial” ya existe de facto: no es otra que EE UU. ¡Qué ciega está la Iglesia Católica a la que pertenezco! Con este deseo, alejado de las profecías apocalípticas, están solicitando que se cumpla el propósito mundial de Satanás. ¿Cómo pueden tantos teólogos, expertos, sacerdotes, obispos y cardenales cristianos realizar unas interpretaciones de los textos bíblicos tan alejadas de sus significados  explícitos?  ¿Les asiste en sus estudios bíblicos el Espíritu Santo... o les está cegando porque se han mezclado con el mundo participando y alineándose con la maldad y la falsedad de los hombres?

En el Libro del Apocalipsis se dice: “Ven, te mostraré el juicio de la gran ramera que está sentada sobre las grandes aguas (La isla de la Libertad está situada en el litoral del océano atlántico. Las grandes aguas representan a “los pueblos, las muchedumbres, las naciones y las lenguas”) con quien han fornicado los reyes de la Tierra (cesión de las soberanías monárquicas a las partitocracias), y los moradores de la Tierra se embriagaron (los derechos antinaturales y aberrantes que ofrecen las partitocracias a ciertos colectivos sociales) con el vino de su fornicación (el acto sexual simbólico que conlleva introducir el voto en las urnas)” (Apoc 17, 1-2)… Y si dudan de esta interpretación o exégesis, más adelante, en el mismo capítulo, se dice: “La mujer que has visto es aquella ciudad grande que tiene la soberanía sobre todos los reyes de la Tierra” La ciudad grande no es otra que Nueva York (EE UU), donde está situada la Estatua de la Libertad –la gran ramera- que simboliza al imperio de las partitocracias y en cuya ciudad se encuentra el centro del mercado financiero e industrial internacional. Observen que en el capítulo siguiente del Apocalipsis nos ofrece el dato aclaratorio de que dicha ciudad grande es una ciudad costera como lo es Nueva York. Veamos: “Ay, ay de la ciudad grande que se vestía de lino, púrpura y grana y se adornaba de oro y piedras preciosas porque en una hora quedó devastada tanta riqueza. Todo piloto y navegante, los marineros y cuantos trabajan en el mar se detuvieron a lo lejos y clamaron al contemplar el humo de su incendio y dijeron: ¿Quién había semejante a la ciudad grande? Y arrojaron ceniza sobre sus cabezas y gritaron llorando y lamentándose y diciendo: ¡Ay, ay de la ciudad grande en la que se enriquecieron todos cuantos tenían navíos en el mar, a causa de su suntuosidad porque en una hora quedó devastada!

Se dice en el artículo: “La conclusión es evidente: el problema sólo puede ser resuelto a nivel global, por lo que es imprescindible comenzar a construir la «Autoridad política mundial» solicitada por Benedicto XVI en el 2009” No, señores consejeros del Vaticano, el problema no se resuelve eligiendo “democráticamente” una autoridad política mundial. ¡Eso es, precisamente, lo que buscan y desean las organizaciones internacionales satanistas! ¿O son ustedes tan ingenuos como para creer que esa autoridad política mundial, elegida mediante un referéndum de los estados, va a ser un mandatario que cumpla con los principios cristianos? Hay que estar ciego para proponer semejante deseo. El poder político de una autoridad mundial, promocionada por los poderes económicos internacionales, acentuaría y agravaría la situación de los más débiles en la escala social de los pueblos. No, señores, la solución consiste en lo contrario de lo que ustedes proponen.

Si ustedes creen en la palabra de Dios y en Su voluntad para los pueblos, deberían recordar que fue deseo de Dios la división de la lengua única existente en los tiempos previos al suceso de Babel, dando origen a los diversos pueblos que, según la lengua, se aglutinaron dando origen a las naciones que pueblan la Tierra. Pueblos y naciones a los que Dios dotó de reyes cuyos reinados podían ser de paz y progreso o bien de luchas, pobreza y sufrimientos (no creo necesario traer aquí ejemplos de los reinados bíblicos). Que un reino disfrute de la paz, de la justicia y del progreso o, por el contrario, sufra la violencia, la pobreza y el sufrimiento dependía de si el monarca y el pueblo se volvían a Dios o le daban la espalda. Cuando los reyes y el pueblo se vuelven a Dios la paz, la justicia y el bien social está garantizado; cuando los reyes y los pueblos reniegan de Dios la sinrazón, el caos y la pobreza social es lo que prevalece. Es así de simple. Por consiguiente, la globalización es una negación de la voluntad divina: pretenden la reunificación internacional de las naciones sometidas a una sola autoridad política mundial -otro pre-Babel- que perseguiría y exterminaría -no me cabe ninguna duda- a toda la cristiandad. El verdadero poder que rige el mundo no es el político, ni tampoco el económico... es el poder sobre todas las conciencias. Y ese poder que actúa en la sombra, sin ruido y fiel aliado de la economía internacional, no es otro que la Institución Científica Internacional. 

¿Piensan, de verdad, que una Autoridad política mundial, elegida "democráticamente", respetaría a la religión cristiana y a los más pobres y débiles de la Tierra?