Sr. Gabriel Albiac:
La razón de dirigirme a usted públicamente está relacionada con su artículo publicado en el periódico ABC, titulado “92: fin del mundo”. En dicho artículo hace referencia o menciona a la astronomía histórica de Nicolás Copérnico. Se sorprenderá, y hasta le parecerá una broma, si le digo que dicha astronomía moderna está fundamentada en la falsedad. Eso sí, en una falsedad bien argumentada, publicitada y protegida por las oligarquías e “intelectuales” de la época y cuyo desarrollo o evolución histórica ha llegado hasta nuestros días.
Para comprender el por qué afirmo tal cosa es necesario retroceder en la Historia de la Ciencia y analizar lo ocurrido en el siglo XVI. La teoría revolucionaria del astrónomo polaco tenía el propósito de ofrecer un modelo astronómico que despejara y aclarara las dudas y errores que se apreciaban en la teoría precedente de Claudio Ptolomeo. Se pasó de considerar una tierra inmóvil como centro del Universo, a considerar la Tierra como otro planeta que gira sobre su eje, se traslada alrededor del Sol (considerado como nuevo centro del Universo) y con movimiento de nutación (cabeceo del eje norte-sur terrestre). Aparentemente, el nuevo modelo astronómico heliocéntrico ofrecía explicaciones más sensatas a dos fenómenos planetarios que traían de cabeza a los astrónomos y que no acertaban a explicarlos convenientemente bajo el modelo geocéntrico y geoestático de Ptolomeo. Este cambio histórico y revolucionario, con gran peso en la cultura y en las conciencias sociales, se aplicó al mundo planetario conocido manteniendo la idea de que las estrellas del cielo nocturno (las que dieron origen a los signos zodiacales) están fijas: sin movimiento orbital alguno. Y desde esta falsa ilusión tanto Ptolomeo como Copérnico idearon sus respectivos modelos planetarios.
¿Por qué todos los astrónomos de la antigüedad y los de la modernidad consideraron que las estrellas zodiacales estaban fijas? Los astrónomos fijan la rotación de la Tierra de dos maneras o períodos: el día sideral (23h 56m 4s) y el día solar medio (24h). El día sideral es el tiempo transcurrido entre dos alineaciones sucesivas de un punto o meridiano terrestre con la misma estrella (se entiende que dicho punto de la superficie terrestre es una línea prolongada desde el centro de la Tierra hasta la estrella o el Punto Vernal). Y el día solar medio es el tiempo transcurrido entre dos posiciones sucesivas de ese mismo meridiano terrestre con el centro del disco solar. Dicho de otra forma: el día sideral se cumple y se adelanta en unos 4 minutos al período del día solar medio. ¿Puede explicarse esta mecánica con otro modelo astronómico y universal doblemente racional? Por supuesto que sí. Lo que sucede es que la ciencia –la falsa ciencia- ha realizado durante cuatro siglos un trabajo de demolición y descrédito del sentido común en la enseñanza universitaria, de las ideas críticas hacia la dictadura del conocimiento relativista y de la Razón. Las facultades universitarias han sido utilizadas para imponer modelos de virtudes intelectuales, tales como “adorar” al conocimiento relativista, perverso y aberrante de la ciencia. Estando así las cosas nadie se siente aludido o conminado a “reabrir el caso archivado”. Todos miran para otro lado. Hay que mantener en pie tal cúmulo de falacias, errores y embustes científicos.
La respuesta a la pregunta planteada en el párrafo anterior es tan sencilla que para los adoctrinados en las universidades puede resultarles tediosa e incomprensible. Las estrellas (los astros que brillan en el cielo nocturno, excepto la Luna y los planetas conocidos) no solo no están “fijas”, sino que se mueven todas al unísono. Este movimiento sincronizado de los astros nocturnos es el que origina la sensación visual de que permanecen inmóviles: sin movimiento orbital. Pero en realidad está ocurriendo todo lo contrario: se mueven en órbitas realizando dos revoluciones anuales alrededor de la Tierra. Esta mecánica de los astros estelares "fijos" explica el por qué, iniciando el movimiento desde la posición inicial de una culminación (situación de los astros en el plano de una línea recta ficticia) entre una estrella "fija, el Sol y un meridiano terrestre, el día sideral precede en unos 4 minutos al día solar medio (cuatro minutos equivalen a 1 grado de giro terrestre): si el Sol se desplaza casi un grado/día hacia el oeste, origen de su órbita anual, las estrellas zodiacales se desplazan casi 2 grados/día hacia el oeste. El grado de diferencia diaria (2-1) es el causante de la diferencia temporal entre el día sideral y el día solar medio. Diferencia que se va acumulando día tras día. Y es que dichos astros que pueblan el cielo nocturno no son astros solares (las denominadas estrellas), ni cúmulos de astros solares (las denominadas galaxias). Son astros de naturaleza planetaria cuyas masas se descubre que son inversamente proporcionales a la distancia. ¿Le extraña? No debería sentir perplejidad si observa y razona las únicas fotos publicadas de dos estrellas: Mira y Altair. La primera no es otra cosa que un astro de naturaleza cometaria y la segunda podría confundirse con el planeta Urano. Resulta sospechoso que habiendo conseguido capturar las imágenes nítidas de estas dos estrellas, pese a la distancia, se haya paralizado el estudio fotográfico sobre otras estrellas. Más aun cuando los autores de dichas fotografías declararon –hace cuatro años- que continuarían captando imágenes de otras estrellas. Sobra decir que desde entonces no se han publicado más fotografías. ¿Por qué se ha paralizado una investigación de gran valor científico para dilucidar y determinar la naturaleza de los astros lejanos? No hace falta ser un lince para conocer la respuesta: no conviene mostrar al público la realidad del universo. No es el único caso en la ciencia donde los investigadores subvencionados se venden por un plato de lentejas… y un suculento talón bancario.
La razón de dirigirme a usted públicamente está relacionada con su artículo publicado en el periódico ABC, titulado “92: fin del mundo”. En dicho artículo hace referencia o menciona a la astronomía histórica de Nicolás Copérnico. Se sorprenderá, y hasta le parecerá una broma, si le digo que dicha astronomía moderna está fundamentada en la falsedad. Eso sí, en una falsedad bien argumentada, publicitada y protegida por las oligarquías e “intelectuales” de la época y cuyo desarrollo o evolución histórica ha llegado hasta nuestros días.
Para comprender el por qué afirmo tal cosa es necesario retroceder en la Historia de la Ciencia y analizar lo ocurrido en el siglo XVI. La teoría revolucionaria del astrónomo polaco tenía el propósito de ofrecer un modelo astronómico que despejara y aclarara las dudas y errores que se apreciaban en la teoría precedente de Claudio Ptolomeo. Se pasó de considerar una tierra inmóvil como centro del Universo, a considerar la Tierra como otro planeta que gira sobre su eje, se traslada alrededor del Sol (considerado como nuevo centro del Universo) y con movimiento de nutación (cabeceo del eje norte-sur terrestre). Aparentemente, el nuevo modelo astronómico heliocéntrico ofrecía explicaciones más sensatas a dos fenómenos planetarios que traían de cabeza a los astrónomos y que no acertaban a explicarlos convenientemente bajo el modelo geocéntrico y geoestático de Ptolomeo. Este cambio histórico y revolucionario, con gran peso en la cultura y en las conciencias sociales, se aplicó al mundo planetario conocido manteniendo la idea de que las estrellas del cielo nocturno (las que dieron origen a los signos zodiacales) están fijas: sin movimiento orbital alguno. Y desde esta falsa ilusión tanto Ptolomeo como Copérnico idearon sus respectivos modelos planetarios.
¿Por qué todos los astrónomos de la antigüedad y los de la modernidad consideraron que las estrellas zodiacales estaban fijas? Los astrónomos fijan la rotación de la Tierra de dos maneras o períodos: el día sideral (23h 56m 4s) y el día solar medio (24h). El día sideral es el tiempo transcurrido entre dos alineaciones sucesivas de un punto o meridiano terrestre con la misma estrella (se entiende que dicho punto de la superficie terrestre es una línea prolongada desde el centro de la Tierra hasta la estrella o el Punto Vernal). Y el día solar medio es el tiempo transcurrido entre dos posiciones sucesivas de ese mismo meridiano terrestre con el centro del disco solar. Dicho de otra forma: el día sideral se cumple y se adelanta en unos 4 minutos al período del día solar medio. ¿Puede explicarse esta mecánica con otro modelo astronómico y universal doblemente racional? Por supuesto que sí. Lo que sucede es que la ciencia –la falsa ciencia- ha realizado durante cuatro siglos un trabajo de demolición y descrédito del sentido común en la enseñanza universitaria, de las ideas críticas hacia la dictadura del conocimiento relativista y de la Razón. Las facultades universitarias han sido utilizadas para imponer modelos de virtudes intelectuales, tales como “adorar” al conocimiento relativista, perverso y aberrante de la ciencia. Estando así las cosas nadie se siente aludido o conminado a “reabrir el caso archivado”. Todos miran para otro lado. Hay que mantener en pie tal cúmulo de falacias, errores y embustes científicos.
La respuesta a la pregunta planteada en el párrafo anterior es tan sencilla que para los adoctrinados en las universidades puede resultarles tediosa e incomprensible. Las estrellas (los astros que brillan en el cielo nocturno, excepto la Luna y los planetas conocidos) no solo no están “fijas”, sino que se mueven todas al unísono. Este movimiento sincronizado de los astros nocturnos es el que origina la sensación visual de que permanecen inmóviles: sin movimiento orbital. Pero en realidad está ocurriendo todo lo contrario: se mueven en órbitas realizando dos revoluciones anuales alrededor de la Tierra. Esta mecánica de los astros estelares "fijos" explica el por qué, iniciando el movimiento desde la posición inicial de una culminación (situación de los astros en el plano de una línea recta ficticia) entre una estrella "fija, el Sol y un meridiano terrestre, el día sideral precede en unos 4 minutos al día solar medio (cuatro minutos equivalen a 1 grado de giro terrestre): si el Sol se desplaza casi un grado/día hacia el oeste, origen de su órbita anual, las estrellas zodiacales se desplazan casi 2 grados/día hacia el oeste. El grado de diferencia diaria (2-1) es el causante de la diferencia temporal entre el día sideral y el día solar medio. Diferencia que se va acumulando día tras día. Y es que dichos astros que pueblan el cielo nocturno no son astros solares (las denominadas estrellas), ni cúmulos de astros solares (las denominadas galaxias). Son astros de naturaleza planetaria cuyas masas se descubre que son inversamente proporcionales a la distancia. ¿Le extraña? No debería sentir perplejidad si observa y razona las únicas fotos publicadas de dos estrellas: Mira y Altair. La primera no es otra cosa que un astro de naturaleza cometaria y la segunda podría confundirse con el planeta Urano. Resulta sospechoso que habiendo conseguido capturar las imágenes nítidas de estas dos estrellas, pese a la distancia, se haya paralizado el estudio fotográfico sobre otras estrellas. Más aun cuando los autores de dichas fotografías declararon –hace cuatro años- que continuarían captando imágenes de otras estrellas. Sobra decir que desde entonces no se han publicado más fotografías. ¿Por qué se ha paralizado una investigación de gran valor científico para dilucidar y determinar la naturaleza de los astros lejanos? No hace falta ser un lince para conocer la respuesta: no conviene mostrar al público la realidad del universo. No es el único caso en la ciencia donde los investigadores subvencionados se venden por un plato de lentejas… y un suculento talón bancario.
La verdad científica –cual si fuera una patente intelectual- está siendo comprada, y guardada bajo siete llaves, por el poder económico y político internacional.

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