lunes, 19 de junio de 2017

El siervo de Yavé

Estoy seguro de que a los visitantes y "observadores" de este blog, les parecerá extraño lo que van a leer a continuación en esta entrada y que lo interpretarán de forma equivocada.

Parte primera

En los dilatados textos de la Sagrada Biblia, y en especial en los proféticos, nos encontramos en ocasiones con textos cuya interpretación más instintiva o primaria nos lleva a una conclusión precipitada de su significado verdadero. Y no son pocos los errores de este tipo que he venido observando en los comentarios a pie de página en mi Biblia Nácar Colunga (Edic MCMLXXI).
 
Los errores de interpretación por parte de los exegetas se originan por la creencia errónea de que la verdad objetiva y racional se imparte en las facultades universitarias, cuando, en realidad, estas instituciones están colaborando en el mantenimiento del Gran Engaño Internacional. Considerando que todos los gobernantes y poderosos de las naciones han sido adoctrinados en dichas instituciones del “conocimiento”, se comprende el por qué se niegan a admitir las verdades trascendentales en materia científica, política y religiosa.

"Pues el hombre animal no percibe las cosas del Espíritu de Dios; son para él locura y no puede entenderlas, porque hay que juzgarlas espiritualmente" (1 Corin 2:14)

No obstante, entre los errores de interpretación, hay uno que quiero comentar por la relación que mantiene con algunos aspectos de mi vida. Me refiero al texto de Mateo 12:18-21 que hace referencia al del profeta Isaías 42:1-4 donde se dice:

 “He aquí a mi siervo, a quien elegí; mi elegido, en quien se complace mi alma. He puesto mi espíritu sobre él; él dará el derecho a las naciones. No gritará, no hablará recio ni hará oír su voz en las plazas. No romperá la caña cascada ni apagará la mecha que se extingue. Expondrá fielmente el derecho, sin cansarse ni desmayar, hasta que establezca el derecho en la Tierra; las islas (las naciones) están esperando su ley”.

El texto parece indicar que se refiere a Jesucristo, como así lo creía el apóstol Mateo. Sin embargo, si lo analizamos con atención surge la duda de que el destinatario del texto sea el Hijo de Dios. ¿Por qué? Veamos: 1) El texto nos dice que el siervo ha sido elegido por Dios. Pero el verbo elegir se aplica cuando hay más opciones o candidatos (Usted podrá elegir entre una variedad de frutas o de objetos, pero si solo dispone de una manzana para comer, no tiene posibilidad alguna de elegir). Y que yo sepa, no existe ninguna otra opción o posibilidad de salvación que no sea por el sacrificio en la cruz del Hijo de Dios o de Nuestro Señor Jesucristo. Por tanto, el elegido por Yavé no puede ser su Unigénito. 2) La frase “no disputará ni gritará y nadie oirá su voz en las plazas” no parece referirse a Jesucristo cuya voz se escuchó en todos los lugares donde tenía ocasión. Para eso vino al mundo, para evangelizar con la palabra en las calles, en las plazas, en el templo, en la montaña, etc. Por tanto, el texto debe referirse a una persona que, en el final de los tiempos, no podrá hablar sobre las verdades trascendentales en lugares o instituciones públicas (calles, plazas, prensa, televisión, etc) hasta que Yavé lo decida. Y no podrá hablar porque la sociedad no está preparada para escuchar la Verdad. Por eso, y hasta entonces, “nadie oirá su voz en las plazas”; y 3) En el texto se recalca o se explicita que el siervo de Yavé se dedicará a exponer el derecho (una nueva Justicia basada en la Verdad Completa) en todas las naciones “sin cansarse ni desmayar”. Resulta más que evidente que el texto “expondrá el derecho en todas las naciones”, no puede hacer referencia a Jesucristo. La misión de Jesucristo no fue exponer el derecho, sino evangelizar dando ejemplo con su vida y su muerte en la cruz. Por consiguiente, la misión del siervo de Yavé no es otra que la de exponer y establecer la Verdad Completa en todas las naciones de la Tierra.

 Pero el profeta Isaías dice más cosas sobre el "misterioso" siervo de Yavé:

“Así dice Dios, Yavé, que creó los cielos y los tendió, el que extendió la Tierra y sus brotes, el que da al pueblo que (está) sobre ella el aliento, y el soplo a los que por ella andan. Yo, Yavé, te he llamado en la justicia y te he tomado de la mano. Yo te he formado y te he puesto por alianza del pueblo y para luz de las gentes (para llevar el conocimiento de la Verdad), para abrir los ojos de los ciegos (El mundo se ha quedado ciego. No distingue el bien del mal, la verdad de la mentira), para sacar de la cárcel a los presos (a los injustamente encarcelados y a los perseguidos por su fe), del calabozo a los que moran en las tinieblas” (una alegoría sobre los que han sido y viven engañados)

Sigamos leyendo lo que dice Isaías (49:1-7) sobre el “siervo de Yavé”:

“Él me ha dicho: Tú eres mi siervo, en ti seré glorificado. Yo me dije: Por demás he trabajado, en vano y por nada consumí mis fuerzas; pero mi causa está en manos de Yavé, mi recompensa en mi Dios”. 

¿Jesucristo es un siervo del Padre? Siervo es todo aquel que sirve a una persona o cargo superior y, en el caso de Jesucristo, el Hijo tiene la misma dignidad que el Padre. Por tanto, Jesucristo no puede ser un siervo. Además, el texto “mi causa está en manos de Yavé, mi recompensa en mi Dios”, indica que quien habla no puede ser Jesucristo por una razón muy sencilla: Jesucristo es Dios (Yavé) y como tal no puede decir que su recompensa sea Él mismo.

Respecto al texto: “Por demás he trabajado, en vano y por nada consumí mis fuerzas”, ¿pueden atribuirse a Jesucristo que vino al mundo para cumplir con una misión previamente establecida? ¿No será que el texto hace referencia a un simple mortal que ha dedicado su vida a trabajar por la Verdad sin recibir otra cosa que insultos y desprecios?

El profeta habla también de un “retoño”:

“Y brotará un retoño del tronco de Jesé y retoñará de sus raíces un vástago. Sobre el que reposará el espíritu de Yavé, espíritu de sabiduría y de inteligencia, espíritu de consejo y de fortaleza, espíritu de entendimiento y de temor de Yavé. Y su respirar será en el temor de Yavé. No juzgará por vista de ojos (por las apariencias), ni argüirá por oídas de oídos (no se dejará influir por los cotilleos), sino que juzgará en justicia al pobre y en equidad a los humildes de la Tierra. Y herirá al tirano con la vara de su boca, y con el soplo de sus labios matará al impío (Observe que lo mismo se dice de los dos testigos en Apocalipsis 11:4-5). La justicia será el cinturón de sus lomos, y la fidelidad el ceñidor de su cintura”

Como se puede razonar, el retoño o siervo de Yavé, recibirá de Dios el espíritu de la Verdad con el que juzgará con equidad a los pobres y humildes de la Tierra y con severidad a los poderosos o tiranos. Además tendrá poder para matar con su aliento o con su palabra a los impíos y a los que intenten matarle. La estrecha relación de este personaje con lo que se dice de los dos testigos en el Libro del Apocalipsis (11:3-5), nos descubre que tanto el profeta Isaías como el apóstol Juan, están hablando de la misma persona: un enviado o elegido por Yavé, que será reconocido en los últimos días.

 Parte segunda 

Por motivos que no puedo comentar aquí, hace casi treinta años sufrí en mi trabajo lo que más tarde se definiría en los medios como “mobbing” (acoso laboral). Intenté dejar la empresa (una multinacional) voluntariamente pero los gastos de la hipoteca y los gastos domésticos me impedían tomar esa decisión. En ese estado de las cosas, una noche, al acostarme, recé una oración para que el Ángel del Señor la presentara ante Jesucristo. Nunca podría haber imaginado lo que pasó aquella noche.

 La visión


 Estoy situado en una plaza cuadrada, muy conocida de la ciudad de San Sebastián, donde entonces residía, flanqueada por las fachadas de cuatro edificios. La plaza está a rebosar de gente formando filas, en pie y todos estamos mirando hacia el edificio (propiedad del Ayuntamiento) que está situado en el norte de la plaza y también en el norte geográfico. Yo estoy situado en el centro de la última fila. De repente, sobre el tejado del edificio situado a la izquierda de la plaza (al este de mi posición corporal) aparece una gran luna llena radiante. Desde la gran luna llena, van surgiendo los planetas más conocidos, uno tras otro, que se dirigen en desfile hacia la derecha de la visión, hacia el oeste, ante la mirada del público que llenaba la plaza. Al llegar el primero de los planetas al lado opuesto (oeste de mi posición corporal), surge una segunda luna llena tan grande y radiante como la primera situada sobre el tejado del edificio lateral derecho (en el lado oeste de la visión). La imagen que se forma en el cielo visible entre los edificios de la plaza es una imagen simétrica: una luna (este o izquierda), un arco compuesto de planetas, otra luna (oeste o derecha). En este estado, el centro del desfile planetario se abre dejando paso a la aparición del Sol. Pero situado detrás del disco solar aparece una figura de hombre vestido con una túnica de un blanco inmaculado y brillante. No se le ve el rostro porque lo mantiene oculto tras el disco solar. La figura mantiene sus brazos cruzados sobre el pecho: el brazo derecho lo mantiene sobre el izquierdo. Y de forma tranquila, la figura suelta el brazo derecho y desciende su mano hacia la multitud de la plaza que levantan sus brazos hacia arriba, lo mismo que hago yo, como deseando ser tocados por Él. Pero la mano del Hombre que viste una túnica blanca va pasando por encima de todas las manos…hasta detenerse a un centímetro de la mía que la mantengo en alto. Y entonces oigo que me dice con una voz serena: “Ya es llegada la hora”. A continuación recogió su brazo volviendo a su estado original y desapareció de la escena. En ese momento, la luna llena situada sobre el tejado del edificio de la derecha de la visión, estalló en pedazos. Y entonces desperté emocionado. El reloj marcaba las 7:00 horas en punto.



Respecto a la figura cuyo rostro lo mantiene oculto tras el disco solar, no tengo la menor duda de que era el mismo Jesucristo, con cuyas palabras me indicaba que debía comenzar a estudiar Astronomía.

Y respecto a la luna llena situada en el lado oeste que estalla en pedazos, me reservo su significado.

Desde entonces, y por causas que resulta largo de explicar, mi vida cambió por completo a peor. Pero, sin duda, lo más doloroso es que, durante treinta años, no haya podido expresarme en sociedad porque en un mundo donde la ciencia moderna es considerada como la Nueva Religión Internacional, nadie entendería que su “religión” está equivocada y, en consecuencia, se dudaría de mi capacidad intelectual y de mi estado o equilibrio mental.

"Hasta el presente pasamos hambre, sed y desnudez; somos abofeteados y andamos vagabundos, trabajamos con nuestras manos; afrentados, bendecimos; y perseguidos lo soportamos; difamados, consolamos; hemos venido a ser como desecho del mundo, como estropajo de todos" (1 Corin 4:11-13)

Comprendo que los “doctores” en las "ciencias mentales" deduzcan que el sueño o visión fue la consecuencia de un estado depresivo. Se equivocan por completo. La psiquiatría moderna está fundamentada en el materialismo ateo puro y duro. En sus métodos clínicos no se contempla ni la existencia de Dios, ni la de los ángeles, ni la del espíritu humano. Por tanto, para la psiquiatría moderna todos los apóstoles y demás santos de la cristiandad que tuvieron visiones, serían considerados hoy como “enfermos mentales”. Es la consecuencia de las grandes mentiras científicas establecidas en el mundo que se divulgan y expanden a través de las instituciones académicas y universitarias.

Como adelanto del resultado de mis investigaciones y estudios durante casi treinta años, puedo afirmar que la cosmología moderna está radicalmente equivocada. Que existe otra nueva y original teoría cosmológica geocéntrica mucho más objetiva y racional, para explicar la mecánica de los astros, que la absurda e imposible teoría heliocéntrica. Dicha teoría inspirada durante años de estudio y dedicación, no es otra que la que se señala en la visión: los astros, incluyendo al Sol, se desplazan todos en órbitas del este al oeste (visto desde el hemisferio norte de la Tierra).

Para terminar, invito al lector a que saque sus propias conclusiones sobre los textos proféticos y las imágenes de la visión. Una pista: en la visión no solo se hace referencia al mundo universal de los astros, también se hace referencia a la religión y a la política.


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