lunes, 22 de septiembre de 2014

Dos perspectivas geocéntricas de Venus

NOTA: La ciencia establecida y los enemigos de la Verdad utilizan el término "geocéntrico" como sinónimo de periclitado u obsoleto, silenciando que existe otra forma distinta de modelo geocéntrico al de Ptolomeo. ¡Y claro que la hay! En el geocentrismo de Ptolomeo se consideraban inmóviles a las estrellas que forman los zodiacos (las fijas) y a la propia Tierra. Pero en el nuevo y original modelo geocéntrico, la Tierra gira sobre su eje y es el Sol el que se traslada alrededor de la Tierra en dirección o sentido este-oeste, del mismo modo que lo hacen las "fijas"pero con la salvedad de que éstas realizan sus revoluciones en unos 182,6 días = la mitad de un año solar, período éste que induce a la aparente inmovilidad de las "fijas".

Así es como representa la ciencia el movimiento de Venus desde la perspectiva de una Tierra INMÓVIL (considerando las estrellas fijas):


Comparen la imagen que forman sus órbitas con la imagen REAL de su órbita geocéntrica (ilustración siguiente) que, como se puede apreciar, es similar a la forma que adoptan los sistemas estelares binarios:


Sin embargo, visto desde una Tierra que SOLO gira sobre su eje (con el Sol y las estrellas "fijas" en movimiento orbital), la figura de Venus en órbita alrededor de la Tierra es la siguiente:






jueves, 31 de julio de 2014

Las cinco "solas"


Leo en la Wikipedia:

"Del mismo modo que no se puede hablar de una sola iglesia protestante, tampoco se puede hablar de una sola doctrina protestante coherente y cohesionada. De hecho, la variedad doctrinal que el protestantismo ha ido adoptando a lo largo de su evolución ha sido una de las causas de su fragmentación. Aun con todo, se puede hablar de una doctrina de mínimos que con distinta intensidad sí comparten todas las iglesias herederas de la Reforma. Tradicionalmente se suele resumir esta doctrina común en las “cinco solas”, que desarrolladas comprenden el núcleo de la fe protestante: 

1.- La doctrina de la “sola scriptura” es la creencia en que toda fuente de autoridad en materia de fe debe ser extraída con exclusividad de la Palabra de Dios, la Biblia. Esta posición, común a todas las iglesias protestantes, varía en su intensidad, desde el extremo del rechazo de cualquier contenido de fe ajeno a la Biblia (protestantismo evangélico más radical) hasta la supeditación de la tradición y las costumbres a la Biblia sin que por ello sea rechazada si no se puede argumentar una incoherencia o incompatibilidad manifiesta (iglesias protestantes históricas). 

Comentario de ARP: Dice el texto que “toda fuente de autoridad en materia de fe debe ser extraída con exclusividad de la Palabra de Dios, la Biblia”. Primer error doctrinal. La pregunta es: ¿Y quién o quiénes son los llamados a extraer esa autoridad en materia de fe, los apóstoles y cuantos recibieron y conservaron la tradición y la Escritura… o un solo hombre 1500 años después? Además, ¿esa autoridad en materia de fe puede ser tan diversa y variopinta como el número de iglesias o denominaciones protestantes? ¿La Verdad de Cristo, que es UNA, puede ser dividida y repartida en trozos? ¿Es eso lo que quería Nuestro Señor Jesucristo, que la Verdad fuese "troceada" para ser repartida entre numerosas denominaciones que se dicen “cristianas”? La Verdad de Cristo es UNA e INDIVISIBLE. Siendo así, la única iglesia que se mantiene UNIDA por la misma fe y la misma doctrina, a pesar de las discordancias doctrinales que se suscitan en su seno, es la Iglesia Católica, que es la depositaria de la tradición de la que habla el apóstol Pablo:

 2Tesa 2:13-17 “Pero nosotros debemos dar incesantes gracias a Dios por vosotros, hermanos amados del Señor, a quienes Dios ha elegido desde el principio para haceros salvos por la santificación del Espíritu y la fe verdadera. A ésta precisamente os llamo por medio de nuestro evangelio, para que alcanzaseis la gloria de Nuestro Señor Jesucristo. Manteneos pues hermanos firmes y guardad las tradiciones que recibisteis, ya de palabra, ya por nuestra carta. El mismo Señor nuestro Jesucristo y Dios, nuestro Padre, que de gracia os amó y os otorgó una consolación eterna, una buena esperanza, consuele vuestros corazones y los confirme en toda obra y palabra buena” 

 2Tesa 3:6-9 “En nombre de Nuestro Señor Jesucristo os exhortamos a apartaros de todo hermano que viva desordenadamente y no según las tradiciones que de nosotros recibieron. Sabéis bien cómo debéis imitarnos, pues no hemos vivido entre vosotros desordenadamente ni de balde comimos el pan de nadie, sino que con afán y con fatiga trabajamos día y noche para no ser gravosos a ninguno de vosotros. Y no porque no tuviéramos derecho, sino porque queríamos daros un ejemplo que imitar”. 

Por otro lado, la Biblia o palabra de Dios no puede ser tratada, leída o estudiada como si fuese un “best sellers” que cualquier persona puede leer y entender su argumento. Pensar que los textos de la Sagrada Biblia pueden ser entendidos o interpretados por cualquier persona, es una herejía. Piensen que muchos ateos también leen la Biblia… pero sin llegar a entender nada. Y no solo los ateos no entienden nada, sino que a las iglesias protestantes –como a las católicas- acuden los fieles o miembros laicos para recibir lecciones a través de los sermones dominicales preparados por sus pastores u obispos. Por tanto, es FALSO que para entender el significado de los textos sagrados, basta con leer o estudiar la Sagrada Biblia. Para una correcta lectura, estudio y comprensión de la Sagrada Biblia, hay que contar con la ayuda del Espíritu Santo, de lo contrario por mucho que se lea o se estudie no se entenderá ninguno de los misterios y significados proféticos que encierran sus textos.

Además, si, según la doctrina protestante, todas las personas están capacitadas para interpretar la Sagrada Biblia, ¿por qué los fieles seglares asisten al oficio dominical para escuchar los sermones de su obispo? Según la doctrina de la Sola escritura cualquiera de los fieles de una iglesia protestante está capacitado para poder interpretar los textos sagrados y con la misma autoridad que la del pastor que les sermonea cada domingo. Es como decir que cualquier seglar católico tiene la misma autoridad que el sacerdote en materia bíblica. Y si seguimos rizando el rizo de lo absurdo, es como si un campesino le hubiera dicho a Moisés que tenía la misma autoridad en materia sagrada que su hermano Aaron: el Primer Sacerdote Levíta (La doctrina de la Sola escritura es la causa de que existan tantas denominaciones "cristianas" en el mundo). Y si alguno de los acólitos o seglares de alguna iglesia o denominación protestante confiesa que precisa de la ayuda del obispo de su iglesia para interpretar la Sagrada Escritura, entonces la doctrina sobre la “Sola Escritura” no sirve, se cae por sí sola, ya que contar con la ayuda de otra persona más cualificada en materia bíblica para interpretar la Sagrada Biblia es lo mismo que se practica desde hace cerca de dos mil años en la Iglesia Católica.

Todavía hay más. La Iglesia Anglicana (protestante) de Inglaterra, cuyo “papa” actual es la reina de Inglaterra, está ordenando sacerdotes a mujeres y a homosexuales. Si tanto dicen atenerse o ajustarse al texto de las Sagradas Escrituras, ¿pueden decirme –señores protestantes- dónde se dice en la Biblia que los homosexuales y las mujeres pueden ser ordenados sacerdotes? ¿Y dónde se dice en la Biblia que los cristianos deben ser liderados o estar sometidos a un poder político? Señores anglicanos, déjense de embustes, de falsas interpretaciones bíblicas y de falsedades.

2.- La doctrina de la “sola fide” es la creencia en que sólo mediante la fe en Cristo el hombre recibe gratuitamente la salvación. Esta fe en Cristo se describe como una fe viva que implica una conversión total en el hombre, es decir, una fe que produce una transformación que implica un cambio en las creencias, obras y aspiraciones del creyente. 

Comentario de ARP: Observen como la fe protestante se contradice. Dicen que: “Solo mediante la fe en Cristo el hombre recibe gratuitamente la salvación”. O sea, usted puede robar, matar, violar, mentir, etc., que si cree en Jesucristo, cuando usted muera va a ir derechito al cielo para que allí disfrute junto al que robó, al que mató, a la que violó y al que mintió durante su vida… No se puede ser estar más ciego y alejado de la Verdad. Lo que dicen, implícitamente, los protestantes con su doctrina de la Sola Fe, es que Dios es injusto, que le da igual si en tu vida has sido víctima o verdugo y que lo único que valora es… si tenías fe. En otras palabras, según esta doctrina herética si usted tiene la fe del protestante, tiene carta blanca para vivir delinquiendo, robando, matando, violando, mintiendo, etc., porque haga lo que haga, si tiene fe protestante va derecho al paraíso… ¡Dios mío! La cantidad de herejías que campan a sus anchas en el mundo…

¡Ojo!
No se interpreten mis palabras de forma errónea. LAS OBRAS -por si solas- NO SON LAS QUE NOS SALVAN. Ningún hombre puede ganar su salvación por muchas buenas obras que haya realizado durante su vida (Obviamente, si las buenas obras no bastan para salvarnos, viviendo como criminales estaremos irremediablemente condenados) Pero, las obras -las buenas obras- ponen de manifiesto nuestra fe y nuestra voluntad de llevar,  en lo posible, una vida de santidad intentando cumplir con los preceptos morales y doctrinales que nos dio Nuestro Señor Jesucristo. Pero del mismo modo que no podemos ser salvados solo por las obras, tampoco podemos ser salvados si confesando ser cristianos no modificamos nuestras conductas perversas o inmorales cumpliendo con dichos preceptos del Señor. Por tanto, resulta evidente que para ser salvados necesitamos la fe verdadera en Cristo y las buenas obras. Buenas obras que ponen de manifiesto nuestra fe verdadera. Ambas: la fe en Cristo y las buenas obras, forman una unidad. La fe verdadera genera buenas obras y éstas dan testimonio de la fe verdadera en Cristo.

Y ahora voy con la contradicción en que caen los protestantes. En el punto 3a, se dice:

“en el protestantismo se suele argumentar que una vida de fe que no produce obras es una vida de fe muerta, es decir, no es una vida de fe”

¡Acabáramos! Vaya, vaya… O sea que la Sola Fe no sirve si no produce buenas obras. Eso es lo que dice el apóstol en Santiago 2 (1), que es lo mismo que dice la Iglesia Católica: Que la fe nos mueve o nos exhorta a realizar buenas obras. Por tanto, son las obras las que ponen de manifiesto nuestra fe en Cristo. Pero si no realizamos buenas obras, la Sola Fe queda vacía y sin contenido.

  • (1) Esta doctrina ideada y propuesta por Lutero, no era nueva. Parece ser que en la Iglesia cristiana primitiva ya surgieron algunas corrientes “protestantes” que defendían la salvación por la Sola fe. ¿Que de dónde saco esa idea? Pues del contenido de la carta de Santiago, 2:14-26. En dicha carta, Santiago expone la doctrina contra la salvación basada en la Sola fe. Obviamente, cuando el apóstol escribe esa carta es porque era conocedor de que existía alguna corriente predicando esa doctrina herética dentro de la Iglesia cristiana primitiva. No tiene sentido que el apóstol dedicase 12 versículos en contra de la salvación por la Sola fe si no hubiera sido informado de su existencia. La conclusión de su doctrina es que la fe sin obras es una fe muerta. Por tanto, Lutero tendría que haber estudiado un poco más al apóstol Santiago antes de mantener fanáticamente la doctrina herética de la Sola fe. Incluso tendría que haber meditado un poco más sobre las palabras que dirige el apóstol Pablo a Tito: “Alardean de conocer a Dios, pero con las obras le niegan, abominables, rebeldes y descalificados para toda obra buena” (Tito 1:16) ¿Qué mis palabras no van a gustar al protestantismo? Lo sé, pero como cristiano no escribo para complacer al mundo o a  ideologías o instituciones religiosas, sino para hablar de la Verdad de la que, parece ser, a casi nadie interesa.


Ser salvado por la "Sola fe" -habiendo sido un criminal o sin haber practicado buenas obras-, se consigue cuando la persona que se encuentra en un estado de grave enfermedad o a punto de morir, se arrepiente de sus pecados y confiesa que el Señor Jesucristo es el Salvador. Es lo que le sucedió al buen ladrón sentenciado a morir en la cruz, al lado de Nuestro Señor Jesucristo: reconoció que Jesucristo era inocente y que era Rey. Pero confesar que se cree en Jesucristo en plena juventud, salud y facultades, y vivir a continuación practicando el pecado, no es equiparable al ejemplo mencionado.

Conclusión: Los mismos protestantes están de acuerdo en que la fe sin obras es una fe muerta. Siendo así, ¿cuántos criminales y embusteros que habiendo depositado su fe en la fe protestante, cuando han fallecido habrán ido derechos al infierno? ¿Quién ha engañado a miles de criminales y embusteros aceptándolos en sus iglesias como hermanos en Cristo, sin voluntad alguna de modificar sus hábitos de vida criminales? ¿Creen que Jesucristo se alegra de que las congregaciones “cristianas” estén llenas de “hermanos” embusteros, avariciosos, blasfemos y criminales?

3.- La doctrina de la “Sola gratia” es la creencia en que la salvación es recibida de parte de Dios, por el hombre, de forma gratuita, sin que éste pueda merecerla o adquirirla por sus propias fuerzas. La doctrina de la gracia en el protestantismo es semejante a la doctrina agustina si bien enfatizada o según para algunos mal entendida. El protestantismo presenta al hombre condenado e incapaz de obrar en favor de su salvación por causa del pecado original. En esta situación de depravación, el hombre necesita de Dios para su salvación desde incluso el mismo momento en que se convierte, pues sin la gracia de Dios tampoco podría recibir la gracia de la fe. Dentro del protestantismo se ha entendido esta doctrina de diversas formas. Existen algunas iglesias que defienden la idea de que el hombre es totalmente incapaz incluso de aceptar la gracia o de resistirla, de modo que su libertad queda totalmente anulada y todo depende de la elección divina (calvinismo más extremo) hasta posturas muy parecidas a la doctrina católica romana que defienden la idea de que el hombre, aún no mereciendo ni pudiendo lograr por sus méritos la salvación, una vez capacitado por Dios puede libremente aceptarla o rechazarla.

Comentario de ARP: Se dice que: “La “sola gratia” es la creencia en que la salvación es recibida de parte de Dios, por el hombre, de forma gratuita, sin que éste pueda merecerla o adquirirla por sus propias fuerzas". Según lo que se explicita en el texto, no depende de ninguna tarea humana conseguir la gracia de la fe. Según el texto, es Dios el que la concede a su antojo y sin justificación moral o ética alguna de la persona que la recibe. Pero eso es otro error doctrinal. Dios concede la gracia de la fe a quien la busca con humildad y la anhela en su corazón. ¿Por qué a Saulo (después llamado Pablo), perseguidor de cristianos, le concedió Dios la gracia de la conversión y de la fe? Porque solo Dios conocía el anhelo que tenía Saulo en su corazón por conocer la Verdad (Algo parecido le ocurrió a Agustín de Hipona). Por tanto, decir que la fe es concedida por Dios sin que la persona muestre deseo alguno por tenerla, es negar una de las doctrinas fundamentales de la Sagrada Biblia para alcanzar la gracia de la fe: el temor de Dios, practicar la humildad, la justicia, la caridad y el sacrificio. Y tanto es así que si fuera cierta la doctrina de la “Sola Gracia”, sería inútil estudiar los textos sagrados para hallar la fe, ya que –como afirma la doctrina de la “Sola gracia”- la consecución de la fe no depende de ningún esfuerzo intelectual, moral o ético humano. Entonces, si la fe no depende de ningún esfuerzo humano, ¿cómo es que todos los pastores protestantes dicen haber adquirido la fe por el estudio de la Sagrada Biblia? ¡Aclárense, señores protestantes, aclárense!

Como ven, las doctrinas protestantes se revelan falsas o erróneas ante un pequeño análisis a la luz de la Verdad evangélica.


  • 3a.- Como una consecuencia de la radicalidad de la doctrina de la gracia y la fe en el protestantismo, el papel de las obras como actos que puedan merecer la salvación, la santidad o el favor de Dios es generalmente rechazado o muy atenuado como un producto secundario de la fe. Aun así, en el protestantismo se suele argumentar que una vida de fe que no produce obras es una vida de fe muerta, es decir, no es una vida de fe. 


4.- La doctrina de “solus Christus” es la creencia en que sólo hay un mediador capaz de redimir al hombre ante Dios, y que éste es Cristo. Desde un punto de vista teológico, esta doctrina es compartida por todas las iglesias cristianas. No obstante, en el protestantismo adoptó una serie de implicaciones nuevas que sí lo diferencian. La implicación más importante fue el rechazo de la intercesión de la virgen María y los santos en nuestro favor desde el cielo. También se rechazó el culto y veneración de éstos y otras creencias populares que incluso la misma Iglesia Católica no reconoce como correctas. Otra implicación importante fue el rechazo de lo que se percibió como una apropiación por parte del clero de ciertos medios de salvación o condonación de los pecados, como la celebración del sacramento de la penitencia y las indulgencias.

Comentario de ARP: Se dice que: “La doctrina de “solus Christus” es la creencia en que sólo hay un mediador capaz de redimir al hombre ante Dios, y que éste es Cristo”. Para todos los cristianos, esa doctrina se da por supuesta. De lo contrario no seríamos cristianos. Por otro lado, supongo que cuando en el texto mencionan a Dios se refieren a la primera persona de la Trinidad: el Padre. Y la oración del Padre Nuestro que nos enseño Jesucristo, ¿a quién va dirigida, a Jesucristo o a su Padre? Cuando los cristianos oramos el Padre Nuestro, ¿oramos solo al Padre,… o también a su Hijo Jesucristo? Oramos al Padre y al Hijo, ya que el Padre y el Hijo son UNO, y quien conoce al Hijo conoce también al Padre.“Para que todos honren al Hijo como honran al Padre, que le envió”  (Juan 5:23)

 5.- La doctrina de “Soli Deo Gloria” es la creencia en que sólo a Dios se le puede dar gloria y adoración. Asimismo es la creencia en que ángeles y toda la creación (incluidos los hombres) dan gloria a Dios y que por ello y para ello Dios los creó. En el protestantismo implicó además el rechazo de la adoración y veneración de los santos y de cualquier ángel, hombre o cosa. 

 Comentario: Se dice que: “La doctrina de “Soli Deo Gloria” es la creencia en que sólo a Dios se le puede dar gloria y adoración”. Otro error doctrinal. Acabo de recordar lo que se dice en los Evangelios: que el Hijo y el Padre son UNO. Por tanto, si damos gloria y adoración al Padre, también se la estamos dando al Hijo, o viceversa. De lo que se deduce que podemos dar gloria y adoración también al Hijo del Padre: Jesucristo. De lo contrario, negar la gloria y la adoración al Hijo, es negar la gloria y la adoración al Padre. “Yo y el Padre somos una sola cosa” (Juan 10:30)

¡Cuidado con algunas doctrinas que aparentando ser evangélicas, esconden grandes herejías!

El cisma ocasionado por Lutero (el hombre sin Ley) dividió la Iglesia terrenal de Jesucristo fundamentada sobre la roca del apóstol Simón que desde entonces sería llamado Pedro (piedra). Lutero, quien confesaba que sufría numerosas tentaciones, buscó en los textos de los apóstoles aquellos versículos que el creía no le obligaban a realizar buenas obras. De este modo, fue estructurando una nueva doctrina cristiana... herética. Nueva doctrina que fue muy bien acogida y aplaudida por gran parte de la nobleza alemana. Y es que vivir conforme a las reglas doctrinales que predicaba la Iglesia Católica (humildad, pobreza, caridad, etc.) a los príncipes no les gustaba demasiado. Lo mismo sucedió en Inglaterra con el rey Enrique VIII: como el Papa no accedía en concederle el divorcio, el rey decidió romper con la Iglesia de Roma y liderar la nueva religión protestante para así conseguir sus deseos. En el fondo, el éxito que tuvo la nueva religión herética, se debió a que ésta no exigía tanto esfuerzo, ética y moralidad como lo exigía la Iglesia Católica. Es muy posible que en algunas cuestiones éticas y morales, el papado y los obispos católicos fueran demasiado exigentes para con los demás y bastantes laxos para con ellos mismos. Pero si bien en algunas cuestiones sobre doctrina social los papas no estuvieron muy acertados, respecto a las doctrinas teológicas  la Iglesia Católica llevaba 1500 años de tradición y estudios bíblicos realizados por miles de expertos y doctores.

Ahora bien, ¿qué mensaje nos dejó Jesucristo respecto a la unidad de fe y de doctrina que debería haber en su Iglesia tereenal? Leamos:

“Pero no ruego solo por estos, sino por cuantos crean en mí por su palabra, para que todos sean UNO, como tú, Padre, estás en mí y yo en ti, para que también ellos sean en nosotros y el mundo crea que tú me has enviado. Yo les he dado la gloria que tú me diste, a fin de que sean UNO, como nosotros somos UNO. Yo en ellos y tú en mí, para que sean perfectamente UNO y conozca el mundo que tú me enviaste y amaste a estos como me amaste a mí. Padre, lo que tú me has dado, quiero que donde esté yo estén ellos también contigo, para que vean mi gloria que tú me has dado, porque me amaste antes de la creación del mundo. Padre justo, si el mundo no te ha conocido, yo te conocí y estos conocieron que tú me has enviado, y yo les dí a conocer tu nombre, y se lo haré conocer, para que el amor con que tú me has amado esté en ellos y yo en ellos” (Juan 17:20-26)

Conforme al texto, queda meridianamente clara la voluntad y el deseo de Cristo de que toda la cristiandad permanezca unida, que seamos UNO en la misma fe y doctrina. Sin embargo, quince siglos después de anunciar Jesucristo este deseo, apareció un monje de nombre Lutero hinchado de soberbia y acabó con la unidad de la cristiandad deseada por Jesucristo. ¿A quién cree usted que apoya Jesucristo, a la Iglesia Católica cuyo origen histórico comenzó con el apóstol Pedro, o a un monje cargado de soberbia que nació para romper la UNIDAD de la Iglesia?


El gran hereje
por
(José María Iraburu, sacerdote)

"No fue reformador de costumbres, sino de doctrinas.– La tesis de que la decadencia moral de la Iglesia, bajo los Papas renacentistas, había llegado a un extremo intolerable, y que Lutero encabezó a los «protestantes» contra esta situación, exigiendo una «reforma», es falsa y ningún historiador actual es capaz de sostenerla. Entre otras razones, porque el mismo Lutero desecha esa interpretación de su obra en numerosas declaraciones explícitas. «Yo no impugno las malas costumbres, sino las doctrinas impías». Y años después insiste en ello: «Yo no impugné las inmoralidades y los abusos, sino la sustancia y la doctrina del Papado». «Entre nosotros –confesaba abiertamente–, la vida es mala, como entre los papistas; pero no les acusamos de inmoralidad», sino de errores doctrinales. Efectivamente, «bellum est Luthero cum prava doctrina, cum impiis dogmatis» (Melanchton). 

Reformador de la doctrina católica.– Lutero, efectivamente, combatió con todas sus fuerzas contra la doctrina de la Iglesia Católica. Para empezar, arrasó con la Biblia, ya que dejándola a merced de el libre examen, cambió la infalible y única Palabra divina por una variedad innumerable y contradictoria de falibles palabras humanas. Se llevó por delante la sucesión apostólica, el sacerdocio ministerial, los Obispos y sacerdotes, la doctrina de Padres y Concilios. Eliminó la Eucaristía, en cuanto sacrificio de la redención. Destruyó la devoción y el culto a la Santísima Virgen y a los santos, los votos y la vida religiosa, la función benéfica de la ley eclesiástica. Dejó en uno y medio los siete sacramentos. Afirmó, partiendo de la corrupción total del hombre por el pecado original, que «la razón es la grandísima puta del diablo, una puta comida por la sarna y la lepra» (etc., así cinco líneas más). Y por la misma causa, y con igual apasionamiento, negó la libertad del hombre (1525, De servo arbitrio), estimando que «lo más seguro y religioso» sería que el mismo término «libre arbitrio» desapareciera del lenguaje. Como lógica consecuencia, negó también la necesidad de las buenas obras para la salvación. En fin, con sus «respuestas correctas», según escribe un autor de hoy, destruyó prácticamente todo el Cristianismo, destrozando de paso la Cristiandad. 

Pensamiento esquizoide.– Une la Iglesia Católica razón y fe, entendiendo la teología como «ratio fide illustrata» (Vaticano I). Une la Biblia con la Tradición y el Magisterio apostólico (Vaticano II, Dei Verbum 10). Une la gracia con la acción libre de la voluntad humana. Et et. 

El pensamiento de Lutero, por el contrario, es esquizoide: Vel vel. Considerando que “la razón es la grandísima puta del diablo”, concluye: sola fides. Convencido de que la mente y la conciencia del cristiano están por encima de Padres, Papas y Concilios, dictamina: sola Scriptura. Afirmando que el hombre no es libre, y que no son necesarias las buenas obras para la salvación, declara: sola gratia

El mayor insultador del Reino.– Lutero escribe que “toda la Iglesia del papa es una Iglesia de putas y hermafroditas”, y que el mismo papa es “un loco furioso, un falsificador de la historia, un mentiroso, un blasfemo”, un cerdo, un burro, etc., y que todos los actos pontificios están “sellados con la mierda del diablo, y escritos con los pedos del asno-papa”. Podrían llenarse innumerables páginas con frases semejantes o peores. 

Los teólogos católicos del tiempo de Lutero rechazaron sus tesis, ganándose de su parte los calificativos previsibles. La Facultad de París es “la sinagoga condenada del diablo, la más abominable ramera intelectual que ha vivido bajo el sol”. Y los teólogos de Lovaina, por su parte, son “asnos groseros, puercos malditos, panzas de blasfemias, cochinos epicúreos, herejes e idólatras, caldo maldito del infierno”. No es de extrañar que, pensando así, rechazara Lutero la proposición que le hizo Carlos V en Worms para que discutiera sus doctrinas con los más prestigiosos teólogos católicos. ¿A quién puede interesarle discutir con cerdos endemoniados? 

Por lo demás, los insultos de Lutero tenían una extensión universal: las mujeres alemanas, por ejemplo, eran unas «marranas desvergonzadas»; los campesinos y burgueses, «unos ebrios, entregados a todos los vicios»; y de los estudiantes decía que «apenas había de cada mil uno o dos recomendables». 

El perfecto hereje.–  «Yo, el doctor Lutero, indigno evangelista de nuestro Señor Jesucristo, os aseguro que ni el Emperador romano [...], ni el papa, ni los cardenales, ni los obispos, ni los santurrones, ni los príncipes, ni los caballeros podrán nada contra estos artículos, a pesar del mundo entero y de todos los diablos [...] Soy yo quien lo afirmo, yo, el doctor Martín Lutero, hablando en nombre del Espíritu Santo».«No admito que mi doctrina pueda juzgarla nadie, ni aun los ángeles. Quien no escuche mi doctrina no puede salvarse».

Comentario de ARP: Quien no vea en las palabras de Lutero a un anticristo y un arrogante y blasfemo, es que le hace falta acudir urgentemente al oculista. Decir que: "mi doctrina no pueda juzgarla nadie, ni aun los ángeles", deja bien claro que ¡LUTERO ES EL HIJO DE LA IRA Y EL HOMBRE DE INIQUIDAD ANUNCIADO EN LA BIBLIA!

Duro con los pobres, débil con los poderosos.– Con ocasión del levantamiento de los campesinos, que exigían, primero por las buenas y luego por las malas, lo que estimaban que eran sus derechos, escribe Lutero una durísima invectiva "Contra las hordas rapaces y homicidas de los campesinos" (1525). «Al sedicioso hay que abatirlo, estrangularlo y matarlo privada o públicamente, pues nada hay más venenoso, perjudicial y diabólico que un promotor de sediciones, de igual manera que hay que matar a un perro rabioso, porque, si no acabas con él, acabará él contigo y con todo el país». 

Muy suave fue, en cambio, Lutero con los poderosos príncipes alemanes, a fin de ganar su favor. Cuando, por ejemplo, Felipe de Hessen, gran landgrave, casado con Catalina, de la que tenía siete hijos, exigió la aprobación de un matrimonio adicional con una señorita de la nobleza sajona, obtuvo la licencia de Lutero y Melanchton, a condición de que la concesión se mantuviera secreta. Se acudió en este caso de poligamia, consumada en 1540, al precedente de los antiguos Patriarcas judíos. 

Espantado de su propia obra.– Los resultados de la predicación de Lutero fueron devastadores en la moral del pueblo, y él mismo lo reconoce. «Desde que la tiranía del papa ha terminado para nosotros, todos desprecian la doctrina pura y saludable. No tenemos ya aspecto de hombres, sino de verdaderos brutos, una especie bestial (1)». De sus seguidores afirmaba que «son siete veces peores que antes. Después de predicar nuestra doctrina, los hombres se entregaron al robo, a la impostura, a la crápula, a la embriaguez y a toda clase de vicios. Expulsamos un demonio [el papado] y vinieron siete peores». 

(1) Lo de "aspecto bestial" le va como anillo al dedo, señor Lutero. El profeta Daniel calificaba de BESTIA a la falsa ciencia moderna (el león), a la política republicana o democrátíca (el oso, que en el Apocalipsis se le asigna el número 666) y a la religión herética dominante (la pantera) que se asentarían sobre el territorio que ocuparía la cuarta bestia, la más terrible de todas: Estados Unidos de Norteamérica.

 A Zwinglio le escribe espantado: «Le asusta a uno ver cómo donde en un tiempo todo era tranquilidad e imperaba la paz, ahora hay dondequiera sectas y facciones: una abominación que inspira lástima [...] Me veo obligado a confesarlo: mi doctrina ha producido muchos escándalos. Sí; no lo puedo negar; estas cosas frecuentemente me aterran». Y aún preveía desastres mayores. Un día le confiaba a su amigo Melanchton: «¿Cuántos maestros distintos surgirán en el siglo próximo? La confusión llegará al colmo». 

Comentario de ARP: Pues, para su información señor -que no doctor- Lutero, en el imperio de la bestia: el que está regido por sus discípulos, existen más de 47.000 denominaciones de iglesias protestantes. 

Así fue. Y así ha sido en progresión acelerada, hasta llegar a la gran apostasía actual de las antiguas naciones católicas"

Conclusión final: Por originar la ruptura con la Iglesia fundada por Jesucristo, causando el caos herético dentro de la Unidad del Cristianismo, por sus blasfemias contra Dios, contra su Hijo Jesucristo y contra la Sagrada Eucaristía, Martín Lutero se identifica a sí mismo como "el hombre de la iniquidad", "anticristo" "el hombre sin Ley" y "el hijo de la ira", cuya llegada fue anunciada en las Sagradas Escrituras para destruir la UNIDAD de la fe y la doctrina cristiana deseada por Jesucristo. 


El infierno
(Según la narración de San Juan Bosco)


El infierno
(Según Santa Faustina Kowalska